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Sin txapela y yo con estos pelos

La Patatía


Barriada Buen Pastor, Barcelona

Francisca era hermana de mi abuela, pero era Paca para todos: la tía Paca. Yo le inventé el nombre de Patatía: la Patatía. Le puse ese apodo y, sorprendentemente, toda mi familia comenzó a usarlo y ya no tuvo otro nombre mi pobre tía, hasta su muerte. La recuerdo ahora, con una punzada agridulce, al leer en la prensa que están demoliendo su casa. La casa de mis tardes de los sábados, con mis primos José y Miguel, rulando ante la tele el tarro de toffe que la alquimia amorosa de mi tía lograba arrancarle a un bote de leche condensada hervido al baño María. El sabor de la leche condensada, ya para siempre, me trae a la memoria escenas de "Bonanza".

La Patatía vivía en El Buen Pastor, en Las Casas Baratas. (Leo que, ahora, hay que decir Cases Barates y Bon Pastor). Su marido, el tío Hilario, trabajaba en La Maquinista y en algún otro sitio que nunca supe. Recuerdo bien aquel barrio y, en él, aquella casa. Pero no puedo verlo ya con fidelidad fotográfica, sino como un cuadro impresionista. Mi memoria se va volviendo, poco a poco, una gavilla de imágenes fugaces, algo borrosas, que se suceden a toda prisa, componiendo lienzos de trazos nerviosos, enérgicos, con colores terrosos, olores grasientos, virutas de música flamenca que llega de lejos, como hojarasca, girando en remolinos de viento caliente. Calles empedradas de grijo menudo que las mujeres, en delantal y calcetines, barren y humedecen salpicando, a manotazos, el agua de sus cubos de estaño. Mujeres que, alguna vez, he visto pelear en el mercado, tirándose del pelo hasta arrancarse mechones. Mujeres que he visto dando el pecho, sentadas a la puerta de casa, en sus sillitas de anea, con una extraña serenidad, dulcemente indiferentes. A mí me parecía el barrio de las mujeres. ¿Dónde estarían los hombres?. Callejuelas trazadas con tiralíneas, más anchas las largas, las paralelas al Besós. Un poco más estrechas las oscuras transversales. Y las hileras de casitas de una sola planta, encaladas, con el suelo de terrazo y zócalos verdes o añiles en las ventanas. Casas de cuarenta metros cuadrados para familias, a menudo, numerosas. Piezas diminutas y enormes cocinas en las que se hacía la vida al calor de la chapa. Patios traseros escatimados al vecino, cubiertos a medias por planchas de latón. Y, sobre todo, recuerdo el lavadero en un rincón del patio, con su rampa ondulada, su hondura invisible desde mi corta estatura. Y recuerdo las manos rechonchas de mi tía, inmensas, enjabonando las mías tan pequeñas. Puedo oler el aroma a limpio del tocho de jabón marca "Lagarto" y evocar, con el frescor del aclarado bajo el grifo, aquella dulce sensación de abandonarme a buen recaudo, de ponerme realmente en buenas manos.

Imagino a gigantescos monstruos mecánicos demoliendo a dentelladas mi pasado, con mandíbulas de pala excavadora. Me entristezco. Sin duda, el otoño. Perdón por la melancolía. Me falta ya más gente que la que me queda. Papá, los abuelos, casi todos mis tíos, algunos primos, varios amigos. Ya sé que esto funciona así, pero no puedo evitar sentir hoy el peso excesivo de este collar cuyas cuentas son ausencias como piedras de molino.



Referencias

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Comentarios

  1. Un post magnífico y hermoso, que me devuelve a "mi Ernesto" más admirado.
    Yo, que me encuentro contando ausencias también, te propongo que abandones la mirada de otoño y vistas tus ojos de recuerdo, no de ausencia. Y entonces quizás, sólo quizás, se apodere de ti la sensación de sentirte a salvo entre todos esos seres que forman parte de ti ya para siempre. Y quizás, sólo quizás, la melancolía se vista de sonrisa por unos instantes.
    Me siento muy feliz de que hayas regresado. Te he echado mucho de menos.
    Besos, muchos.

    Comentario de Iris hace 6 meses y 7 dias

  2. ¡Iris!, "queridiña" (como tú dirías, como tantas veces me has dicho, de ese modo tan tiernísimo tuyo). Te leo/veo ahora, ya tardísimo, a punto de acostarme tras un día agotador de viaje en coche. Me digo: no tienes escapatoria, oh monstruoso fóbico social. A semejante explosión de afecto, chaval, "debes" responder ahora mismo, ya. Improvisa algo que, mínimamente, vibre. Y sólo se me ocurre teclear, una y otra vez, "¡Iris!, queridiña". Y sonreir con media sonrisa lela. Queridiña, sí.

    :-)

    (El consejo, que me parece excelente y muy oportuno, como siempre, como si "supieras" exactamente en qué brumas anda mi cabeza, como si compartiésemos conexiones sinápticas, me lo llevo a dormir: así lo sedimento y, mañana, lo retomo con ánimo de buen provecho).

    Mi corazón se ha esponjado y he sentido que se llenaba de luz al palpar tu sincera alegría. Y es verdad, sin retórica. Mar de besos, Iris. (Caray, así da gusto volver...)

    Comentario de Ernesto hace 6 meses y 6 dias

  3. Bienvenido de nuevo, Ernesto.

    Yo no tengo lector de feeds así que he descubierto que has vuelto por casualidad. Pero me alegro.

    Un abrazo,

    Comentario de Xavie hace 5 meses y 26 dias

  4. Por cierto, la entrada me parece que tiene la delicadeza justa. Consigues que estemos allí. Vuelvo a decir que me alegro de que hayas vuelto.

    Comentario de Xavie hace 5 meses y 23 dias

  5. Qué pena más grande todo...y qué recuerdos...
    Qué bien dicho, Ernesto, qué bello.
    Beso.

    M.

    Comentario de Miranda hace 5 meses y 22 dias

  6. Mira que te haces de rogar, bandido. Pero cuando apareces (o me asomo yo) sigues siendo grande. Mis mejores deseos para 2008.

    Comentario de rythmduel hace 4 meses y 11 dias


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