Come y calla (II)
Ernesto - 05-07-2006 17:43:24 | Categoria: Alguien que anda por ahí

La yaya Encarna había venido desde Mieres, porque Marta había salido ya de cuentas. Le daba pánico que el parto fuese tan complicado como el del primero, así que había decidido ir a una clínica y había hecho venir a su madre -interminable viaje en tren hasta Barcelona, en el "Shangai", artefacto reumático de célebre parsimonia- para cuidar de su marido y de su hijo durante su ausencia. Y qué a tiempo llegó. Al día siguiente, Nochebuena, empezó con contracciones a media tarde y, nada más sentarse a cenar, con un langostino pelado entre los dedos, casi gritó ¡me viene!. Papá salió corriendo -no teníamos teléfono- a buscar un taxi -no teníamos coche- en la parada del ayuntamiento de Santa Coloma. No había ninguno. Ni un alma en la calle. Desencajado, aporreó la puerta del cuartelillo de la guardia urbana. Contrariados, le dejaron telefonear a un taxista que vivía cerca y cuyo número tenían anotado en un cuaderno verde. De muy mala gana, accedió a cobrar una fortuna por aquel servicio a contrapelo. Y a las doce de la noche nació la Nena, en una impersonal, desértica y blanquísima clínica de Badalona.
La yaya María y el Tete se quedaron solos en casa, sentados frente a un banquete intacto de consomé, langostinos, cordero asado, mazapán, turrón y compota. Nunca antes Ernestito se había sentado a la mesa sin su madre.
-Yaya, tengo hambre.
Encarna, que llevaba rato absorta, le miró como a una aparición.
-Come, hijo, come. No será por falta de comida.
Y comió. Comió a dos carrillos, con avidez, sorprendido de lo bueno que estaba todo, con placer, con gula, con hambre atrasada, hasta que le dolió tanto el estómago que temió reventar. Pero no vomitó. Nunca más lo hizo. Dio un beso a su abuela y se cepilló los dientes sin que, por vez primera, hubiera que recordárselo. Desenchufó el magnetofón, el viejo Ingra con la cinta sin fin, y se durmió sin siquiera apagar la luz, vencido por un sueño plácido, sin sobresaltos. Cuando la yaya fue a darle las buenas noches, ya respiraba profundamente. Aún incrédula por el atracón que acababa de presenciar, le miró dormir -conmovida por su expresión beatífica- y le pareció que crecía, que se hacía grande a toda prisa y los pies se le salían de la cama.
Por la mañana, completamente seco, pidió un bocadillo para desayunar. Se zampó una lata de anchoas metida en un llunguet. Luego, todo ocurrió muy aprisa. La yaya le vistió y le peinó con la raya del lado equivocado. Su padre vino a buscarle con cara de náufrago y le llevó en volandas hasta el autobús. Al llegar a la clínica, su madre le besó con los labios muy pálidos y alguien murmuró a su espalda "es tu hermanita", en el instante en que se asomaba a la barandilla de la cuna para descubrir a aquel bicho tan raro, con tanto pelo negro y una piel traslúcida.
-Se llama Elena-, anunció risueño su padre.
-¿Por qué?, respondió Ernestito sin despegar la vista de la cuna.
Los padres se miraron, aturdidos, sin saber qué decir. Marta pensó que estaba celoso.
-¡Qué pequeña es la nena!-, exclamó tomándole una manita, con miedo a romperla. Y, para él, ya siempre fue La Nena. Un ser que amenazaba romperse a cada instante, clac, durante el resto de su vida y al que -al principio- intentó proteger con la candorosa suficiencia del hermano mayor. Hasta que se quebró -hecha añicos- con el primer chute, a los quince años. Ahí la abandonó a su suerte, volcándose en la tarea de no romperse él, sálvese quien pueda, huyendo de la quema del amor asesino de Marta. De haberlo sabido entonces, hubiera corrido a depositarla en la puerta de la inclusa. Pero cómo podía nadie saber nada...
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Mucha risa con el "me viene", en serio. ¡Y mucha coincidencia con el Ingra!
A mí me gustaría que siguieras recordando y siguieses contando cómo has llegado a convertirte en lo que hoy eres. Además de hacerlo muy bien (a mí el otro "Come y calla" me gustó más, lo que no quiere decir que éste no), nos (me) acercas más a ti. Y eso es muy agradable de hacer, :-)
¿Continuarás con la Nena? ¿Explicarás qué quieres decir con "amor asesino de Marta"? ¿Para cuándo la próxima entrega, XDDD?
Fdo: Ansiosa de AlicanteComentario de La donna è mobile hace 3 años y 41 meses
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Continuaré con la saga en septiembre, tras mis merecidas vacaciones que comienzan el 22 de julio. El propio relato irá dando respuesta a tus preguntas, Donna querida, incluída la del "amor asesino": amores que castran, que no permiten crecer, que que no conceden lugar, que descolocan, que enloquecen (permíteme jugar así con la etimología de locura), amores que matan, ay. Refrénese en sus ansias, adorada alicantina ansiosa...
(Dentro de pocos días me estaré remojando en Mallorca, compartiendo la misma salinidad del baño, ¿no es bonito y hasta un poco golfillo eso de compartir salinidades?)
:-)))Comentario de Ernesto hace 3 años y 41 meses
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¡Cómo ha despertado mi imaginación eso de "compartir salinidades"! :)
Un besoComentario de Tana hace 3 años y 41 meses