1956

Mis padres llegaron a Barcelona con lo puesto, como tantos. Pero, a diferencia de otros, tuvieron la suerte de contar con un techo: el que les ofreció la tía Angelita, desplazada años antes, al acabar la guerra -buscando empezar de nuevo-, huyendo de la persecución a su marido, las listas negras, las detenciones, la delación.
La casa de la tía Angelita era un ático al final de una oscura escalera de terrazo, empinadísima, tan estrecha que había que subirla de costado. Durante la sofocante ascensión, siempre sonaba un barullo de radios sintonizadas en distintas emisoras y olía, mareantemente, a sofrito. Una vez arriba, al abrir la puerta, un aroma dulzón a herboristería inundaba violentamente el rellano, como una bocanada orgánica exhalada por el acogedor pisito marsupial, enteramente pintado de color azul celeste.
El instante duró una eternidad. Marta y Angelita se miraron sin saber qué decirse -tanto tiempo sin verse-, mientras Alberto llegaba, jadeante, con la descomunal maleta a cuestas. Tía, susurró Marta con los ojos húmedos. Ay, qué coño, sobrina, exclamó Angelita, secándose las manos en el delantal y mordiéndose el labio tembloroso. Y, al fin, rieron abrazadas, a salvo ya de la acuciante necesidad de buscar las palabras precisas aunque, entonces, las encontraron todas de golpe, y no dejaron de hablar hasta la madrugada.
Nada más instalarse en el pequeño cuarto azul celeste, Alberto empezó a dar clases particulares -matemáticas y física- a los compañeros de curso de Angelín. Porque la tía Angelita y el tío Ángel tenían un hijo llamado Angelín, listo y tenaz, que trabajaba desde los catorce años en la Escuela de Aprendices y, además, estudiaba Ingeniería Industrial. El tío Ángel, que era vegetariano y anarquista, siempre decía hay que empezar desde abajo para no quedarse allí. Dogmático, elemental, maniqueo y paradójico, tenía su mística del trabajo aquel hombretón bueno, manso como un buey, socarrón y tierno, que había escapado de la guerra sin mancharse, puro, niño grandullón de mirada inocente, trabajador minucioso en La Maquinista, pronto promovido a Jefe de Taller.
Angelita, Ángel y Angelín, angelotes nimbados de mosto de manzana y galletas integrales, en la pequeña gloria suburbial de un ático azul celeste, tenían -de pronto- inquilinos procedentes del suelo.

Las Ramblas, 1956
El verano llegó en un suspiro. El grupo mermó, hasta quedar reducido a tres rezagados que preparaban los exámenes de septiembre. Los ingresos cayeron en picado. Entonces, Marta se puso de parto.
El dormitorio no tenía ventana, sólo un ventanuco alto, casi en el techo. Barcelona hervía en un sofocante calor húmedo. Entre Angelita y la señora Quimeta -la vieja comadrona que decía alborto, embaranzo y vinocarbonato- pusieron una puerta bajo el colchón de lana y repetían empuja, nena, empuja fuerte. Pero nada. Pasaban las horas en un mar de sudor, ensopados el camisón y las sábanas, boqueando con angustia en aquel cuarto sin aire, inacabablemente lacerada por un dolor licuante, en trance de parir un pez inmenso que nadaría -ensangrentado- entre sus piernas, hasta alcanzar a tientas la orilla del alba. Eran casi las siete de la mañana cuando Alberto, que fumaba en el comedor -Antillana: corto, sin filtro, con el papel dulce -, oyó llorar a su hijo. El tío Ángel, que dormitaba en su sillón de mimbre, alzó la cabeza y susurró ya está. Juntos corrieron a la habitación, pero Angelita les detuvo en la puerta. Todavía no podéis entrar. Y abrió mucho los ojos al anunciar, con gesto entre misterioso y cómico, es un crío enooooorme -así, arrastrando la o-. Marta miró con extrañeza al ser que la Quimeta había dejado -tibio y palpitante- sobre su pecho, envuelto en tela blanca. Sintió que el universo entero, que había sido un gigantesco globo a punto de estallar, era un pingajo fláccido, arrugado sobre sí mismo, caído bajo la cama. Experimentó una agudísima melancolía desconocida. Intentó sonreír a Alberto, que besaba su frente húmeda sin dejar de acariciar al pequeñajo -con miedo de romperle-y apenas logró componer una mueca de cansancio. Quería llorar, pero se quedó dormida -exhausta- pensando una vez más, como tantas veces a lo largo de su vida, entre sorprendida y resignada, así que era esto.
Referencias
Comentarios
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Hermoso, tanto que hasta duele. No sabes cómo me alegro de que vuelvas a estar aquí, no sabes cuánto me alegra el regreso del Ernesto que escribe así, un texto como éste, un relato en el que las cicatrices pueden verse, casi tocarse. Cómo duele nacer, ¿verdad queridísimo?
Cosecha excelente la del 56.
Besos infinitos.Comentario de Iris hace 3 años y 46 meses
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Chico, he llorado. Esa foto es la foto de la Barcelona de mi infancia, la foto de la humilde casa de mi abuela, con sus escaleras oscuras, desiguales, retorcidas. Y esos personajes son carne de mi carne. Amigo, qué grande y qué hermoso.
Comentario de rythmduel hace 3 años y 46 meses
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Beso para S. y beso para A. (rythmduel e Iris, respectivamente), estremecido ante su emoción. No sé qué más decir. No sé si debo. Gracias por formar parte de cuanto me hace alegrarme de haber nacido, un lejano 13 de agosto de 1956, en el barcelonés barrio de Sant Andreu: es verdad, queridísimo S., que las escaleras eran "oscuras, desiguales, retorcidas", como exacta metáfora "de un tiempo, de un país" de extrema dureza, poblado por "esos personajes (que) son carne de mi carne" y que, como pudieron, nos hicieron un hueco algo más blando, resguardado, habitable, donde aprender a vivir.
Comentario de Ernesto hace 3 años y 46 meses
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Fue ver pariendo a la pachamama .
Que delicia es regresar a luz del acontecimento de 1956 . Quisiera ser madre otra vez y ser partìcipe de la creaciòn humana. Pero no volverè a parir ni a concebir sin embargo tu escrito me revuelve a un estado inigualable ahora con sumo placer pues ver tras estas lìneas que la vida se nos dado sin merecerla solo resta entregarnos para reactivar la decision de la voluntad ;Amarnos sin medidaComentario de Caro Crisosto Càdiz hace 3 años y 46 meses
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Nos ha dado a los dos por emular a Karina y "volver la vista atrás". Además me he metido por los entresijos de tu sección "Alguien anda por ahí" y me he reído mucho. ¿Somos mayorcitos, ¿eh?
Comentario de Roberto Zucco hace 3 años y 46 meses
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Ptsí, madurillos, querido Zucco. Digamos que empezamos ya a tener alguna mirada que ofrecer al prójimo, por si pudiera interesar a alguien. Yo también me he reído con tus evocaciones de la decadencia escolar jesuítica (ahí hay un futuro texto de más vuelo, un guión, una tragicomedia... acerca de la descomposición del Régimen). Que un abrazo muy fraternal, querido maestro Zucco. Sepa que le leo siempre, siempre, aunque apenas comente -cada vez menos tiempo y tanto que leer, ya me comprende-.
Comentario de Ernesto hace 3 años y 46 meses
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Abrazos transatlánticos, mi intensa y simpática amiga chilena. Me alegro de verte por esta casa (que es la tuya), querida Carol.
Comentario de Ernesto hace 3 años y 46 meses
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Breve nota sobre la saga Castro (la rama del frondoso árbol de los Castro a la que pertenezco): mi padre era catalán y, además, de lo profundo, porque nació en Ratjadell (provincia de Barcelona). O sea que, propiamente, no era un emigrante cuando -recién casado- llegó a Barcelona a buscarse la vida. Lo que sucede es que su padre, mi abuelo, era ferroviario y estuvo destinado en estaciones de media España. Uno de esos destinos fue la estación de Mieres (Asturias), donde fue "purgado" (le llamaban así, hay que joderse) tras su destitución como jefe de estación de Valencia, donde había vivido la guerra -militarizado, con grado de oficial- al servicio de la República. Mi abuelo paterno era socialista y del sindicato ferroviario de la U.G.T. No estuvo en el frente.
Mi madre es vasca, nacida en Sestao (Vizcaya), hija de un cántabro y una guipuzcoana. Mi abuelo materno era socialista y había estado en el frente del Norte, como oficial con mando sobre tropa, hasta la traición nacionalista, la caída, el campo de concentración en los arenales de Santoña y los años de prisión en El Dueso, condenado a muerte. Reducciones de condena, redención por trabajos y, finalmente, un indulto masivo hacia el año 50, le devolvieron la libertad. En aquella larga y despiadada posguerra, un vecino podía denunciarte "por rojo", lograr tu detención y llegar a quedarse hasta con tu casa y tus bienes (hubo muchos casos). Sintiéndose significado, señalado públicamente, en peligro, mi abuelo materno cogió a su familia (mi abuela y sus dos hijas) y se marchó a un lugar en donde no le conociera nadie. Eligió Mieres porque estaban montándose los altos hornos de Fábrica de Mieres y faltaba personal.
Mi abuelo materno, como ya dije, era cántabro (de Ampuero). Mi abuela paterna, aragonesa (de Barbastro). Si me rastreo las raíces, encuentro que son vasco-catalanas-cántabras-aragonesas. Pero, también, astures (los veraneos de mi infancia). Y mallorquinas (los Castro-Mollà de Establiments). Y, yendo atrás, valencianas (los Castro de Manuel). Y, retrocediendo mucho más, castellanas ("mis" Castro originarios, no gallegos, curiosamente, sino palentinos). Variopinta maraña de raíces. Para que luego me intenten vender como algo "novedoso" lo de la España plural (¡si la inventé yo!).
Aunque repita la palabra raíces, no me gusta. Las plantas tienen raíces. Las personas, pies. Gracias a nuestros pies nos movemos, nos mezclamos, crecemos, cambiamos... (acerca de este asunto, versará mi próxima entrada: te invito a leerla).Comentario de Ernesto hace 3 años y 46 meses
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Me ha gustado mucho, Ernesto. Y tu último comentario, también.
Un abrazo.Comentario de Portorosa hace 3 años y 46 meses
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Qué bonito hacer memoria contigo. Precioso me ha encantado. Un besazo
Comentario de klimta hace 3 años y 46 meses
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Belisimo texto. Belisimos ojos los tuyos, que producen poesia tambien en las calles estrechas y oscuras de la vida. Un abrazo grande, desde San Pablo.
Comentario de maray hace 3 años y 46 meses
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Me sumo a las felicitaciones Ernesto...
Una curiosidad..la primera foto es el Carrer Petrixol verdad? Y la segunda es sencillamente genial...está a 200 metros del monumento a Colón, cierto?
Un abrazo.Comentario de Enrique Castro Rodríguez hace 3 años y 46 meses
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Este es el uso, para mí, de los blogs. Es este. Tú te pones en el escaparate y cuentas y cuentas y cuentas. Y si a mí me interesa yo me acerco me acerco me acerco. No necesariamente para hablar. No necesariamente para aportar algo. Sólo para arrimarnos y degustar la digestión de este plato del que no recordaré fechas, ni lugares, ni nombres ni detalles, pero que me hará volver a por más. Siempre a por más, porque me gusta la mirada y el contenido, me gusta sin más; y como disfruto, repito. En este caso es tu madre más protagonista que tú, con su frase lapidaria de los desencantados de toda la vida. Me parece un personaje inquietante que no todas las cabezas deben ser capaces de procesar. Te puedo imaginar deglutiendo esos pequeños detalles de su carácter durante años y años, hasta molernos y servirlos así, a nivel. En fin, que no te demores mucho con el siguiente texto y que un abrazo, querido.
Comentario de La donna è mobile hace 3 años y 46 meses
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¡Ya estoy de vuelta! (dijo uno que nunca fue a ninguna parte, jajajajaja... ¡es brooooooma!... ¿es broma?... ¡glabs!).
Agradezco muy sinceramente los últimos comentarios, que expresan calor y "arrejuntamiento", nada más y nada menos. Qué de acuerdo estoy con lo que dice Donna (con lo que dice, con cómo lo dice, con lo que quiere decir...).
A Enrique: la primera foto NO es del carrer Petritxol, sino de un cantón del Raval, muy próximo a la Boquería, cuyo nombre (sorry) no recuerdo ahora. La segunda, sí, está más o menos en donde supones (pero, hoy día, está muy cambiado).Comentario de Ernesto hace 3 años y 46 meses
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Ernesto ¿del 56? buena cosecha, sin duda. La mía es anterior, aunque también ese año se lucieron las madres. Que son, al cabo, las protagonistas ¿no crees?
Me ha gustado muchísimo leer estos recuerdos.Comentario de amanda hace 3 años y 46 meses
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Qué maravilla, Ernesto. Tu artículo, ese comentario de raíz, los que aquí se acercan a leer... Iba a decir que mis padres se casaron en 1956, en septiembre (yo fui su regalo del 19º aniversario, :D). Pero podría decir tanto... Barcelona, Asturias, hasta ¡Palencia! aparece por aquí.
Besos. Mil besos. Calamity.Comentario de Calamity hace 3 años y 46 meses
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Cada vez que leo algo así, una historia real y sencilla... sencillamente contada, quiero decir (como es la gran literatura: sencilla en sus formas y profunda en los fondos).... me acuerdo de Jesús Miramón -al que podéis disfrutar ahora en su diario de un hombre de Cromañón- y de una agria discusión sobre riqueza o clases sociales, ¡a saber en qué lugar fue, maldita memoria! de hace tiempo.
Él dijo algo que se me quedó grabado: Provengo de la estirpe que sirvió. Y leí, en esa frase tan corta, todo el orgullo de una larga historia de hombres y mujeres esforzados. Porque había honor en su declaración. El honor de alguien orgulloso de los suyos.
Porque eso es lo más grande... y quizá lo que nos engancha (como dice Mobilette) a seguir, sin parpadear, el lento desgranar de la historia de cada uno... lo más grande es poder contarlo. Cada uno, desde su diferencia, sin intentar ser otra cosa que aquello que somos, sin variar la historia que fue, sea cual fuere su procedencia.
Sencillamente.
Para aprender.
Ha sido una lectura conmovedora, Ernesto.
Y yo que no comento mucho por aquí (pero que vengo, leo y disfruto) no podía callarme ahora.
Un beeeeeeeeeeeeeeeeso,
Saf ;-))Comentario de Saf hace 3 años y 45 meses
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Caray, Saf, qué comentario tan bonito y tan "útil" (por lo que tiene de "publicidad" para Jesús Miramón, a quien tanto admiro y a quien, de mayor, quisiera yo parecerme, en lo personal y en lo literario). Creo que, sobre todo, el comentario habla de la autenticidad y la transparencia (creo que, alguna vez, tendré que escribir acerca de eso: Donna me ha insistido y, al leerte ahora, me he terminado por decidir). Gracias, Saf, por dignificar esta casa con tu deslumbrante presencia.
Comentario de Ernesto hace 3 años y 45 meses
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Una vida sin memoria no es vida. Estamos hechos de memoria, y hay que haber empezado a perderla para darse cuenta de que es esa memoria la que constituye nuestra vida.
Esta mirada atrás nos desvela algo oculto, que permanece ahí, en el fondo, dotando de sentido a lo vivido. Pero no por oculto pasa inadvertido, sino más bien al contrario, precisamente es lo que no se cuenta lo que late en esta mirada al pasado, que alcanza su pleno significado en esa frase, "así que era esto", apenas insignificante, pero que contiene en sí toda una visión del mundo, una filosofía.
Wittgenstein dijo que aquellos aspectos de las cosas más importantes para nosotros permanecen ocultos gracias a su simplicidad y familiaridad. Este texto impecable nos concede el placer puro del texto: descubrirlos.Comentario de Un indeciso hace 3 años y 45 meses
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Ernesto hace tiempo que no nos leiamos y tu si que impactas eh.
Aclaro omito tildes y similares signos por rebelion al español (.... )
Regrese del campo no hace menos de un dia y quiero regresar no obstante ud me hace recorrer aquellos lugares de su vida donde permites conozca los distintos huertos de sus dias.
Cariños de una huasa de talon rajado. CarolComentario de Carolonline hace 3 años y 45 meses
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...deslumbrante presencia... (¡Uy, lo que me ha dichoooooo....!)
Ernest, sigue, sigue, más, más, así, así... jajjajajajaja... que son vitaminas para el ego.
Un beso,
Saf XXDDDDDDComentario de Saf hace 3 años y 45 meses
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Muy bien, Sr. Ernesto. Cuando Vd. se pone escribe cosas verdaderamente buenas.
Aprovecho la ocasión para informarle de que, cual hijo pródigo, he retornado a mi casa, harto de vagar por la blogosfera gorroneando cafés cibernéticos. Es por ello que me honraría Vd. mucho visitando mi humilde morada cuando le plazca (algo habrá de beber...).Comentario de Duque de Ínsua hace 3 años y 45 meses
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"Deslumbrante", sí, Saf, insisto. A veces, a menudo, casi siempre, escribes que desanima (insuperable, acomplejante).
Y qué bueno sería, querido Duque de Ínsua, que nos hiciera la merced de indicarnos su URL. Eso facilitaría muchísimo que acudiésemos a su casa y le dejásemos sin bebida en un amén.
Comentario de Ernesto hace 3 años y 45 meses
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me gusta la imagen del pez que nadaría ensangrentado
besos
pdta: no sabía cómo volverComentario de GUSSANITA hace 3 años y 45 meses
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Te leí hace días y no pude ponerte nada. Me dejaste paralizado. Son tantos los paralelismos, las coincidencias, los acompasamientos, que aún sigo perplejo.
Mis padres también llegaron a Barcelona después de la guerra, con lo puesto. Y yo nací en casa de mis abuelos. Y era un bebé enorme (5 kilos y cuarto, dicen).
Impresionante.
Un abrazo, compañero.Comentario de Alfredito hace 3 años y 45 meses
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Lina, admirada, ¿cómo volver?... Así, como si tal cosa, dejándose llevar por el brillo pequeño de la escarcha de una imagen (por ejemplo). Bienvenida, Gussanita. Quédate a tomar café, aunque te salgan branquias (esta casa, también, es de agua).
Temo que mi simétrica y hechizada perplejidad, esta cosa magnética que me asombra, se muera de un ataque de realidad: sin embargo, entrañable Alfredito, creo que "deberíamos" vernos y tomar un café la próxima ocasión en la que pise Barcelona (voy un par de veces al año). No paro de pensarlo.
Comentario de Ernesto hace 3 años y 45 meses
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medulelagolova.blogspot.com
Los espero impaciente. Ya he comprado pisco.Comentario de Duque de Ínsua hace 3 años y 45 meses
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medulelagolova.blogspot.com
Comentario de Duque de Ínsua hace 3 años y 45 meses
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Lamento parecer un pesado. Hubo un error de Bitacorae, por lo visto.
Comentario de Duque de Ínsua hace 3 años y 45 meses
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Ahh! -suspiro-, cómo me ha gustado!! Cuando leo algo así, Ernesto, pienso en todo lo que has vivido. Yo, que soy de una generación posterior, la del 67, me siento muy lejos de muchas cosas, como si hubiera pasado de puntillas, sin enterarme de casi nada. Ni siquiera tengo abuelos que me cuenten sus historias; se fueron demasiado pronto, y yo crecí demasiado tarde, no sé. Aparte de lo que cuentas, está tu don, cómo lo cuentas, que no es poco. Me quedo con la frase de tu madre :) por todas las veces que la he pensado a caballo entre la sorpresa y el desencanto. Biquiños mil
Comentario de Tana hace 3 años y 45 meses
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definitivamente me afilio a tu blog.
Definitivamente.Comentario de lau hace 3 años y 38 meses
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¡Qué alegría!. Bienvenida, lau. Ésta es tu casa: ven cuando quieras, mira si hay algo en la nevera (sírvete tú misma), pasa, siéntate, siéntete, siéntenos... Un beso enorme. Que no te llegue a defraudar, ahora que has decidido seguir leyéndome (amén).
Comentario de Ernesto hace 3 años y 38 meses