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Sin txapela y yo con estos pelos

Dar una vuelta



Mi tío R. tenía una "Vespa" de color verde aceituna y nos quería tanto, a mi hermana y a mí, que se venía desde Mieres hasta Barcelona montado en aquel cacharro, por las carreteras adoquinadas de la España de los sesenta, sólo para vernos.

Llegaba con la piel de la cara abrasada, hecha jirones, y le recuerdo por casa en camiseta, embadurnado de aceite, silbando bajito, dejando a su paso un rastro de olor a manzanas del norte.


Aquellos chalados con sus locos cacharros...

Pervivía un poso asilvestrado en su mirada azul de lobo, en su modo cauteloso y vacilante de moverse, como si no se acabase de aclimatar a la ciudad sin musgo y sin abejas. Pero, sobre la moto, era otra cosa: la gasolina corría, entonces, por sus venas; y su pecho latía al compás de los pistones. Cazadora de ante, pantalón de pitillo, gafas de sol oscuras, el ensayado gesto atormentado, o displicente -a lo James Dean -, el pelo despeinado, y mi tío se convertía en uno con la máquina, centauro desarrollista, alborotando al barrio con sus evoluciones ceremoniales, altivo y elegante como un animal mitológico.


Formalitos y modernos...

¡Cuánto disfrutaba cuando, a menudo, me llevaba con él!. Era yo tan pequeño que, seguramente, temía perderme en cualquier curva si me montaba de paquete. Así que optaba por llevarme delante, de pie, aferrado al manillar con todas mis fuerzas. Guardo la imagen de aquel contraste: mis manos, tan chiquitinas, sobre el mismo manillar que las grandes manos huesudas de mi tío, tan blancas las mías y tan morenas las suyas; tan musculosos sus brazos, que podían ellos solos con el peso del mundo, de la vida, y uno se sentía a salvo.



Qué doloroso se me hace verle tan flaco, con la piel casi transparente, enfermo, las manos temblorosas, todo él menguado y ceniciento.

-¡Estaban aquí, maldita sea!. No puede uno tener sus cosas en orden. Todo lo fisgan y lo revuelven las enfermeras.
-Déjalo, tío. Es igual. Pondré otras fotos.
-¡No es igual!. Además, tú me las pediste. Me metiste en danza, joder. Ahora soy yo el que quiere que su vieja "Vespa" salga en la cosa ésa que tienes en Internet, que se quede ahí para siempre.
-Bueno, bien, de acuerdo, ya las buscaremos en otro momento, ¿eh?. - Repasé mentalmente las fotos de "Vespas" anónimas que guardaba en un disco y, decididamente, me parecieron adecuadas, suficientes. - Es la hora de la merienda. Te llevo al comedor, tío.



Qué raro ver mis propias manos grandes, enérgicas, impulsando la silla con su peso liviano, empuñando las manillas con fuerza, llevándole de paquete delante de mí, como si yo hubiese ido cumpliendo años y él descumpliéndolos y, una vez más, descubriese que sólo nos es posible caminar en círculo, cualquiera que sea el camino elegido. ¡Al diablo las fotos!. Ahora, mientras le miro sumergir trozos de pan en el tazón de leche, sólo puedo pensar "¿se sentirá él a salvo?".


Referencias

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Comentarios

  1. Ernesto ¡qué entrañable homenaje! Pero además ¡qué recuerdos!
    Seguro, seguro que se sentirá a salvo.

    Comentario de amanda hace 2 años y 31 meses

  2. Qué maravilla, Earnest. Qué bien escrito: sencillo (quizá más que habitualmente, y no te diré que no lo prefiera), muy emotivo, y muy “redondo”, muy bien acabado... bueno, eso creo yo, que no soy quien.
    Y triste, claro, también triste.
    Un abrazo.

    Comentario de Portorosa hace 2 años y 31 meses

  3. lo dicho, qué hermoso homenaje, no dejar caer en el olvido y reconocerlo en vida de las personas que hacen una diferencia en nuestras vidas me resulta mucho más entrañable. Un abrazo y otro a tu tío.

    Comentario de Oda hace 2 años y 31 meses

  4. Que tío más imponente, que bien descrito, y cómo reconozco esas maneras.

    Y que recuerdos la Vespa, que tiempos, la primera torta que me pegué en moto fué con una de ellas, en la curva de la iglesia, me tumbé...y pegó el bajillo aquel posapiés en el suelo y sali volando.
    El mundo entero cambió desde que las mujeres empezaron a montarse en motos...con pantalones, esa formalita que hay arriba va como se monta a caballo con faldas, "como se debe" salvando las distancias igual que montaba la dulce Hepburn en la Vespa de Peck. A partir de ahí cambió el girar del mundo.

    Gracias por los recuerdos, y genial lo de nocambienocambienocambieeeeee !!!!!

    Beso.

    M.

    Comentario de Miranda hace 2 años y 31 meses

  5. Las fotos con "vespa" son un clásico de la iconografía española de los sesenta. Yo también tengo un par en mis álbumes familiares.
    Un saludo.

    Comentario de Nicolás hace 2 años y 31 meses

  6. Fíjate, a mí me parece muy romántico eso de echar la vista atrás y decir que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero también que es una comparación nostálgica que hacemos a menudo con los demás, no con nosotros, "ay, con lo que tú has sido..." decimos. Tu tío vive su día a día como tú vives el tuyo, ¿o es que tú miras más hacia detrás que hacia delante? (no espero una respuesta políticamente correcta) Si ahora tu tío está seguro, si en esa residencia lo está, se sentirá seguro. Si está enfermo como dices, y viejo, y apagado, repercutirá en su ánimo y en el tuyo estará aliviarle.

    Creo que tus recuerdos son muy hermosos y que demuestran el amor que le tienes. Lamentablemente todos nos tenemos que hacer viejos, esperemos que los genes y la suerte nos sean favorables y podamos conservar ese ¿cómo era? "Pervivía un poso asilvestrado en su mirada azul de lobo, en su modo cauteloso y vacilante de moverse, como si no se acabase de aclimatar a la ciudad sin musgo y sin abejas." (qué frase tan brillante, Ernesto, querido)

    ¿Tú crees que eso es así? ¿La percepción de la realidad se puede ver mermada por los recuerdos si el presente no nos es propicio?

    Comentario de La donna è mobile hace 2 años y 31 meses

  7. ¡Qué sencillo y bien escrito! ¡Me encanta! Recuerdo haber visto en un album de mi madre, una foto suya en una vespa. ¡Qué vestidos y zapatos tan femeninos! Y no faltaba la pañoleta en la cabeza para proteger el peinado.
    El mismo párrafo que señala Donna, me deja rendida a tus pies. ¡Qué agradable sensación deja un texto bien escrito!
    No creo que la percepción de la realidad se vea mermada por los recuerdos; sino que los recuerdos son un refugio, cuando el presente no nos es propicio -mi humilde opinión-.
    Un bico de luna llena!!

    Comentario de Tana hace 2 años y 31 meses

  8. Me decís, repitiéndolo, que os parece un texto "sencillo". Cuando el "parto" ha sido tan agónico, durante tantos días, a la antigua usanza, sobre papel, tachando y rompiendo cantidades ingentes de papeles usados (escribo por la otra cara de papeles ya utilizados), buscando que el texto "pareciera" sencillo porque ése era el único modo en que pensaba que podía ser contado lo que acabáis de leer y, una vez expuesto en el blog el pobre texto desnudo, temblando ante vuestros ojos, recibo ya en el segundo comentario feed-back positivo porque os parece "sencillo", me emociono y no quepo en mí de gozo. Agradezco todos y cada uno de vuestros amables y cariñosos comentarios pero ése, el de Portorosa, tan temprano, me ha emocionado mucho. Y luego está la Donna, que sospecha (psicoanalizándome un poco) que el presente no me es propicio y que, por eso, me voy tanto al recuerdo, al pasado. Tana parece darle, en parte, la razón. No creo, no, pero por si acaso... me lo haré mirar. Insisto: gracias a todos, aunque no os nombre uno a uno. Os dejo aquí un mar de besos: se abre el self-service.



    Comentario de Ernesto hace 2 años y 31 meses

  9. Cuando yo era pequeño (¿cuatro años, cinco?) en el barrio donde vivía había aun muchos solares. De hecho bastaba con caminar quinientos o seiscientos metros para encontrarse en medio de un bosque de extensión más que considerable. Aquellos solares de los que hablo eran fincas abiertas, no había rejas ni muros y fueron durante muchos años el escenario de los juegos callejeros de los niños del vecindario, yo incluido. En uno de aquellos solares,justo al borde de una pequeña carretera, alguien había abandonado un motocarro. Era, naturalmente, un motocarro Vespa, de color verde oscuro, prácticamente intacto. Mi abuelo materno nos sacaba a pasear a mi hermano mayor y a mí y siempre nos llevaba al motocarro. Sabía que nos encantaba. Mi abuelo murió dos o tres años despues y aunque el cacharro estuvo allí durante muchos años, ya no fue lo mismo.

    Comentario de Duque de Ínsua hace 2 años y 31 meses

  10. ¡Los solares!. Yo también los recuerdo. Qué hubiese sido de nosotros sin aquellos magníficos espacios de juego. Siempre había algún cacharro abandonado en ellos. El barrio tenía, entonces, sitio para jugar: mellas amables en el cemento inhóspito, boquetes por los que a la ciudad se le veía el campo originario, reciente, del que una España cateta escapaba a toda prisa. Fue entonces, sí, lo recuerdo, cuando todo empezó a no ser lo mismo.

    Comentario de Ernesto hace 2 años y 31 meses

  11. Una Vespa era una forma de vida, de entender el mundo. De pequeño, mi tío Eduardo me montaba en una a la que luego añadió un sidecar, ¡menudo lujo!, con el que recorríamos la sierra de Gredos por infames carreteras. Aquella Vespa duró varios años y acabó incorporándose al paisaje familiar.
    El día que mi tío Eduardo se compró un 600 comprendí, no sé muy bien por qué, que me había hecho mayor.
    Ahora, cuando he leído tu magnífico comentario, he sentido nostalgia de aquel tiempo cuando el aire con olor a pino, las risas y los bocadillos de tortilla llenaban algunos domingos de los meses de verano.

    Comentario de El lector a la sombra hace 2 años y 31 meses


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