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Sin txapela y yo con estos pelos

Crónica apresurada de un mal viaje


Urna funeraria africana (Libia, s. III a.d.C.)

Cardiomegalia. Eso dijo el médico, poniendo cara de médico que dice "corazón grande" para que no se le entienda y, así, darse importancia. Nadie nos sorprendimos ante esa revelación. Ya lo sabíamos. Grande no, inmenso. Siempre lo supimos. Lo malo es que, ahora, su corazón tan grande era algo físico y malo, un diagnóstico. No podía bombear lo suficiente y, a veces, se paraba un rato. La sangre no le llegaba al cerebro. Se le encharcaban los pulmones. Se ahogaba, boqueando, como un pez en la arena. Hasta que el médico que dijo "cardiomegalia" nos propuso "sedación compasiva" y dijimos que sí. Se lo agradecí. Mi tía B. añadió (ella siempre ha de decir la última palabra) "es su deber, ayudar a la gente a morir dignamente". A lo que el doctor H. respondió, con leve sonrisa triste, mirando al suelo, "desde luego, señora, pero dígaselo usted a mis compañeros de Leganés". "Habría que hacerles un monumento", sentenció mi tía B. que, como ya dije, se esfuerza en hablar siempre la última.

A mi abuela le pincharon un suero y se durmió profundamente. "Es como un coma", nos explicó el doctor H. Su respiración pedregosa ya sólo nos angustiaba a nosotros. Ella, descansaba. Los familiares -los de ella y los de la señora de la cama de al lado- hablaban entre sí de sus propios achaques, de su jubilación, del veranillo de San Martín y hasta de la infanta Leonor, aparentemente ajenos al objeto de su presencia en aquel lugar de sufrimiento. Unas horas más tarde, todo acabó de repente: el fuelle renqueante, dejó de sonar. Una auxiliar de enfermería con gesto de "no, si ya sabía yo que me pillaría en mi turno" nos hizo salir de la habitación. Lo hicimos en silencio, en un silencio sólido, masticable. El médico que decía "cardiomegalia" y "sedación compasiva" llegó, miró su reloj y dijo "hora de la muerte, las cero y diez". Una enfermera de ojos azules y acento sudamericano, retiró los sueros y estiró la sábana para taparle el rostro. La miré evolucionar con aséptica eficacia y pensé que era una mujer hermosísima. Me avergoncé de pensarlo en ese momento.



Un celador se llevó la cama, sobre sus ruedas, hasta un montacargas y desapareció sin dejar rastro. Hubo que preguntar y perderse varias veces, por pasillos en penumbra, desiertos, hasta encontrar el "depósito" en un sótano. Hubo que cerrarle los ojos, que tenía entreabiertos -aún estaba caliente-. Hubo que cerrarle la boca, sujetando la mandíbula con un trozo de venda que encontramos abandonado sobre una camilla. ¿Por qué se tiene tanta prisa en "esconder" el cuerpo deshabitado, en sacarlo de escena bien tapado, invisible, para dejarlo en un rincón de un sótano vacío?. ¿Por qué nadie quiere verlo, tocarlo, prodigarle esos mínimos cuidados de última dignidad?. Supongo que por lo mismo que, al día siguiente, en el faraónico tanatorio de mármoles oscuros, se desarrollaron -con precisión coreográfica- toda suerte de ceremoniales en torno a la muerte, pero sin la muerte. Con la muerte a buen recaudo, cerrada bajo llave en hermética y acristalada cámara frigorífica, con sistemas hidráulicos que escamotean el féretro tras una trampilla de acero practicada en el suelo, ambientadores eléctricos, música ambiental y pantallas táctiles en lugar de libros de firmas.

Los familiares -los de ella- hablaban entre sí de sus propios achaques, de su jubilación y hasta de la infanta Leonor -que, según escuché, a todos parece feucha y absolutamente Ortiz, qué pena, con lo guapetón que es el príncipe y lo mona que es la Rocasolano-, aparentemente ajenos al objeto de su presencia en aquel lugar sin alma. De vez en cuando, un sollozo intempestivo, un silencio largo, un carraspeo, unos pasos retumbando en la altísima cúpula, un ir y venir del velatorio a la cafetería (..."y el vivo al bollo").

Mi tía B. tardará en aprender a vivir sin su madre, sin mi abuela de los infantiles veranos dorados. Llevaba muchos años cuidándola como a un bebé. Era toda su ocupación. Será, para ella, un vacío abismal. Pensando en esto, lloré al despedirme. No lo pude evitar. Lloré como no había llorado por mi abuela -ni una lágrima, a pesar de la tristeza, ni una, tan hecho estaba ya a la idea-.

Hoy he vuelto a mis quehaceres. Apunto en mi agenda: "hacer testamento vital". Quiero ser dueño de mi vida hasta mi muerte. Uno no puede quedar, en ese trance, al albur de los diferentes, a menudo contrapuestos, criterios médicos. Lo anoto como "urgente". Nunca se sabe.

Por lo demás, me cuesta coger el ritmo. Vengo fatigado de emociones, encogido, ennegrecido, mustio. Lo noto. Tengo la sensación de llevar adherido algo debilitante, viscoso, feo, que me apelmaza y destempla y que, por más que me empeñe -que me empeño- tardaré algún tiempo en desprenderme del todo. Es como si el coche me hubiese trasladado hasta aquí demasiado deprisa y hubiese regresado antes que el resto de mí, que aún sigue en Gijón: me falta un trozo. (Probablemente, ya siempre me faltará un trozo).

Apunto en mi agenda: "vivir". Lo anoto como "urgente".

Con vuestros comentarios (¡dios, cómo os quiero!) me he cortado un traje de alivio de luto. Gracias.


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Comentarios

  1. Bueno mutil, eso que cuentas, todo eso que sientes es lo que llaman estar vivo. Así que ahora sólo te queda que no te duela cuando respiras. No soy yo muy buena animadora, en realidad mi forma de animar cuando alguien está bajo mínimos siempre ha sido estar ahí. Dejar que me llamen o vengan, estar, y escuchar. Pocas veces me han dejado pasar a la acción, y la verdad que es gratificante poder hacer algo físico, más que preparar un caldo o poner vino y comida para tomar fuerzas y seguir hablando.
    Dices que esto te sienta bien, y me alegro. Me tranquiliza un poco porque noto como si sirviera para algo esperarte.
    Si necesitas cualquier otra cosa, silba.

    Un abrazo. (come chocolate, o jamón y vino de rioja, hacen el mismo efecto, te entra calor por dentro y suplen un abrazo físico que no hay)

    Beso.
    M.

    Comentario de Miranda hace 2 años y 32 meses

  2. Qué bien escrito está eso, neskita. Y, sobre todo, qué sentido y cuánto me llega. Eres maravillosa. Brindo (con rioja) a tu salud.

    Comentario de Ernesto hace 2 años y 32 meses

  3. Ernesto, es difícil decir algo después de leer tu cansancio y tu emoción. Te has incorporado, quizá, un poco pronto. A nosotros nos alivias, te esperábamos hace días. Y pensándolo bien, a ti, quizá, también.
    Un beso suave, una caricia en el pelo.

    Comentario de amanda hace 2 años y 32 meses

  4. Este trozo que echas en falta lo recuperarás. El tiempo, curiosamente, lo arregla todo. Luego, con el tiempo, el recuerdo se hace más intenso pero, también más humano.
    Vivir y morir... es lo nuestro. Pero, sobre todo, vivir. Por encima de todo, vivir.

    Un saludo.

    Comentario de pau hace 2 años y 32 meses

  5. Después de ese traje tan grande, Ernesto, tú más que ninguno de nosotros sabe lo importante que es disfrutar, vivir, querer a pleno pulmón, brillar. Y yo quiero acompañarte porque me importas, y porque tu pena así contada es mi pena. Siento que hayas pasado esos malos ratos, siento que tengas todavía que pasar otros y lo que más siento es no poder apretarte un ratito la mano para poder ahorrarme tanta palabra que terminará sonando a hueca.

    Mi Ernesto querido, :-)

    Comentario de La donna è mobile hace 2 años y 32 meses

  6. No sé si merezco todo ese afecto torrencial que me llega en vuestros comentarios. Me abruma. No se me ocurre cómo devolvéroslo mínimamente, excepto volviendo a escribir, cuanto antes, a buen ritmo, para gustaros. (¿Escribimos para que nos quieran?). Os agradezco todas y cada una de vuestras palabras, a todos. Y a mi entrañable Donna (no os parezca mal), a mi Rosa querida, le mando un mar de besos para ella sola, porque me sale de la garganta, de este nudo, y porque ya sabe por qué.

    Comentario de Ernesto hace 2 años y 32 meses

  7. Hola, Ernest, me alegro de que estés de vuelta.

    Eres mayor que yo (mal empiezo a animarte...), y seguramente sabes más, pero déjame darte un consejo nacido de mis pérdidas: en lo que de ti depende, no dejes que pase como con el cuerpo de tu abuela, que se intenta quitar de en medio para que no entorpezca nada, para que no nos rompa el ritmo, y párate, párate a pensar, con toda la calma que puedas, y deja que la pena esté y se vaya cuando le toque marcharse, no antes de tiempo, no hagas caso de quien te diga que hay que seguir y casi pretenda que hagas como si nada hubiera pasado, porque las muertes de los que queremos son unas de las cosas más importantes de nuestras vidas, y hemos de ser conscientes, hemos de concederles el tiempo y los recuerdos que merecen, y nos tienen que romper el ritmo, porque sus vidas contribuyeron a marcarlo, y lo más injusto es jugar a que no importan, con inconsciencia, y además esa frivolidad puede hacerte sentir tonto y culpable. Así que ten calma, acuérdate de ella y de tu tía B., y, sin hundirte, sin hacerte mala sangre, con la ilusión de lo que aún tienes dentro y alrededor, vive este momento triste como alguien con dos dedos de frente y con buen corazón (alguien como tú) debe vivirlo.

    Espero haberme sabido explicar. Está dicho con la mejor intención. Te mando un abrazo enorme, Ernest.

    Comentario de Portorosa hace 2 años y 32 meses

  8. Una bella causa para morir: tener un corazón demasiado grande. Seguro que tú ocupabas en él un lugar privilegiado. Se nota.
    Un abrazo de los de verdad.

    Comentario de Alfredito hace 2 años y 32 meses

  9. Portorosa, querido, gracias por ese comentario tan bien escrito y tan densamente inteligente (¿sabio?). Lo releo y cada vez le saco más jugo. Es la cosa más bonita que nadie me ha dicho (y me dirá) en estos días. Gracias, amigo.

    Gracias, también, a Alfredito. Hay abrazos que se nota que son de verdad (no hace falta decirlo). Te doy (te devuelvo) uno de ellos.

    Comentario de Ernesto hace 2 años y 32 meses

  10. Estimado Ernesto.
    Soy muy mala dando consuelo, nunca sé qué decir, me atoro y sólo me salen frases hechas. He sentido ese silencio sólido del que hablas, tan palpable que hasta se masca... Date tiempo, daos tiempo. La muerte de un ser querido es -creo- lo más duro a lo que uno se puede enfrentar en vida. Sólo puedo escribirte estas pequeñas palabras y darte todo mi cariño, así de esta manera, pero no por ello menos grande. Un beso, un achuchón, un abrazo, una caricia. Calamity

    Comentario de Calamity hace 2 años y 32 meses

  11. Tal y como dice Cal, para los que en estos momentos no estamos pasando por ese durísimo trance, tan solo nos salen frases hechas que buscan cierto alivio.Sin embargo yo me quedo con ese "deber" que has apuntado en tu agenda VIVIR. Un beso.

    Comentario de klimta hace 2 años y 32 meses

  12. mi papá se fué, mi hermano también, y mis abuelos. Y no obstante, estan cada vez más cerca de mi, en mi corazón. Una otra forma de "estar", pero igual están. Ese dolor que sentis pasará, como todo pasa. Y de a pocos verás surgir un recuerdo aqui, otro ali, y eses recuerdos que a principio dolerán, van siendo, ellos mismos, la medicina que va curar el dolor. Una homeopatia de sentimiento.
    Un abrazo sincero, un abrazo virtual pero igual de cariño.

    Comentario de maray hace 2 años y 32 meses

  13. Leyéndote revivía la muerte de mi abuela, que escribí con igual precisión y profunda incomprensión, por fin tiene sentido para mi esa manida frase de "te acompaño en el sentimiento".
    Yo también te eché de menos, amigo mío.

    Comentario de tt hace 2 años y 32 meses

  14. No pretendo consolarte, Ernesto, ¿quién podría consolarnos de una ausencia? -Ni aún el más caro al corazón....
    Pero, fíjate en cómo de maravillosa es la vida que, a tí entre todos, te regaló una abuelaquerida. Que tuvo seguramente una vida plena y sencilla, rodeada de sus hijos y que desparramó amores que le agrandaron el corazón...
    Nacer, morir.... ese es nuestro transcurso: tenemos un tiempo, para llenarlo de afectos y luego... despedirnos y, tal vez, con ayuda de un angel, nos dejen dormir un sueño sin dolor hasta acabar.

    No sé quién fue el que dijo aquello de "nunca alguien alegre consoló a nadie" y tal vez tuviera razón, porque lo que se me ocurre decirte es un: Mira como pasan las estaciones, como sopla el viento frío arrastrando las hojas, haciendo de ellas montañas que, a ratos, despegan del suelo, para ir a caer más lejos. Mira como sale el sol, imbatible, mañana tras mañana; y cómo estamos vivos, tan vivos..... y pasan los años, y nos hacemos distintos y al mismo tiempo, siempre los mismos. Y ¿qué? ¿no es ésto lo que se esperaba? -Vivamos entonces, como si lo fuéramos a hacer siempre.
    Y no nos olvidemos de lo más importante: divertirnos, porque la vida es demasiado seria como para no tomárnosla en broma.
    Una broma colosal, fantáxtica, exhuberante, magnífica y llena de tesoros y valiosas personas que están a nuestro lado.
    Un beso

    Saf

    Comentario de Saf hace 2 años y 32 meses

  15. A mí me pareces buenísima dando consuelo, querida Cal. E, igualmente, klimta y maray y, de modo destacable, la entrañable Saf. Y me ha conmovido hasta la médula la escueta, honda y balsámica tt. ¡Jo!, qué maravilla de comentantes, de lectores, de amigos.

    Comentario de Ernesto hace 2 años y 32 meses

  16. Lo lamento. Por ti y por ella. La muerte es una cosa muy dura, por más esperada que sea. Las personas muertas sólo viven ya en nuestro recuerdo y resulta difícil recordar los momentos (vidas enteras) compartidas sabiendo que ya no habrá más recuerdos nuevos en los que figure esa persona. Es pasado que se aleja y se aleja y esos recuerdos se tornan borrosos, y las caras y los lugares... ES una verdadera tristeza. Lo siento, Ernesto.

    Comentario de Duque de Ínsua hace 2 años y 32 meses

  17. Sé que mi comentario no es de gran consuelo (al contrario, resulta deprimente) pero ¿qué consuelo puede haber?

    Comentario de Duque de Ínsua hace 2 años y 32 meses

  18. Quizás te cuente sobre la muerte de mi abuela, pero no sé...

    Comentario de Duque de Ínsua hace 2 años y 32 meses

  19. Consuela, mi querido Duque. Porque el consuelo proviene del calorcito afectuoso (del tono, de la intención) más que del contenido del comentario. Y cuente. Cuente lo que le plazca compartir conmigo, con nosotros: siéntase en su casa. Un abrazo, mi dilecto amigo.

    Comentario de Ernesto hace 2 años y 32 meses

  20. Intentar dar consuelo es una tarea muy difícil. Dar el pésame, acompañar en el sentimiento... nunca se me ha dado bien. Lo que de verdad pesa es saber que alguien lo está pasando mal y no hallar modo de aliviar su dolencia. Y no se puede. No hay manera. Cada uno tiene que metabolizar las pérdidas externas que se convierten en ganancias internas. Nunca se va del todo la gente que se recuerda.
    Un bico grandote, Ernesto -en mi imaginación también compartimos una tetera y una charla-.

    Comentario de Tana hace 2 años y 32 meses


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