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euskal show

Sin txapela y yo con estos pelos

Viejas fotografías


El niño que fuí, a la edad de cinco años, junto a la distancia de mi madre. Merendero de playa en Castelldefels (Barcelona). Mayo de 1961.


Guardo mi infancia en una caja de zapatos. Un recordatorio de bautizo escrito en primera persona -" mis padres me han impuesto los nombres de Ernesto, Javier y Ángel"-, canicas de colores, recortes de prensa que se rompen al tocarlos -como hojas secas- y, sobre todo, fotos. Montones de fotos color sepia, de todos los tamaños. Clichés casi borrados. Pesadas diapositivas -celuloide positivado, sujeto entre dos láminas de vidrio, con marco de cartón: todas quebradas, agrietadas, con la imagen difuminada, sin contornos-. En muchas, estoy solo: jugando, correteando por las Ramblas, posando en el parque de la Ciutadella, echando cañamones a las palomas, comiendo en la mesa y hasta sentado en un orinal. En otras, estoy en compañía de mi madre, o mi padre, o alguno de mis abuelos, sobre mis pies o en sus brazos. Las extraigo con cuidado de no dañarlas más, de no alabearlas, de no hacer más romas sus gastadas esquinas. Las extiendo. Las miro largamente, sonriendo. Y, por primera vez, observo que no hay ni una sola en la que se me vea
-precisamente- sonreir. Qué raro se me hace, ahora que caigo, ese niño tan serio, tan ajeno, tan otro, cuya inquietante mirada de adulto se me hace difícil sostener.

Son fotografías que hacía mi padre, íntegramente. Es decir: disparaba su estupenda cámara de fuelle -cuya marca lamento no recordar-, las revelaba y las pasaba a papel. Tenía el estudio en el desván. Un mundo oscuro con olor a vinagre y una bombilla roja. Durante horas, le miraba oficiar el sortilegio de hacerme aparecer, muy despacito, en un papel remojado en la cubeta. Este mismo papel, cada vez más reseco, del que -ahora-, también muy despacito, voy desapareciendo.

Por un buen rato, más sorprendido que triste, le miro al tiempo oficiar su trabajo. Vuelvo a acurrucar las fotos en la caja. La devuelvo al arcón. Aparecer, desaparecer: círculo cerrado. Me miro, al paso, en el espejo del recibidor y me sorprende no verme de color sepia. Lo que no me sorprende es la mirada, esa mirada, la misma, desde entonces.





Referencias

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Comentarios

  1. ¿Y sonríes ya, Ernesto? Espero de corazón que sí.

    Comentario de Portorosa hace 4 años y 50 meses

  2. Sonrío, sí. Y hasta río a carcajadas, desde luego. Pero la mirada...

    Comentario de Ernesto hace 4 años y 50 meses

  3. ¿Qué le pasa a esa mirada? Yo veo que mira hacia delante. Eso es muy bueno. Va en el buen camino.

    Yo repaso mucho las fotografías de casa de mamá. Ella también las tiene en albums, en latas, las cuida muchísimo. De vez en cuando, haciendo un extraordinario (ojo, ojísimo y muy extra) nos regala una. Hala, toma, para ti, para-que-se-pas-a-a-zú-car, como decían en los cuentos. Me gusta repasarlas para acordarme de la época de Mujercitas cuando éramos cinco juguetonas y parecía que nada podía pasar, que todo sería así, como estaba, siempre. Que nunca, nunca, A. y yo nos haríamos más mayores que las mayores. Pero ahora soy mucho más mayor que ellas, las mayores en esas fotografías, y a alguna hasta la he sobrevivido. Todo da muchas vueltas y yo siempre he mirado hacia atrás, mucho hacia atrás, de hecho dicen que mis ojos miran hacia dentro. Parece que no estoy donde estoy y quiero estar en otro sitio. En fin. Eso dicen. Yo creo que es que siempre estoy pensando.

    ¿A alguien le pasa eso también? :-)

    Comentario de La donna è mobile hace 4 años y 50 meses

  4. Junto a la distancia de tu madre. Qué expresivo, Ernesto. Qué expresivo.
    Un beso grande.

    Comentario de amanda hace 4 años y 50 meses

  5. bueno, sin sonrisa pero um chiquilin muy guapo....A mi, en las fotos antiguas, tenia siempre una sonrisa en la cara...mi papa quedava adelante, haciendo tonterias... a veces duele mirar estas fotos!

    Comentario de maray hace 4 años y 50 meses

  6. Son unos ojos preciosos, pero preciosos de verdad. No me canso de venir a verlos. Qué vivos. Sólo se les ve a ellos y a la sonrisa de tu madre. Ya. La de la distancia.

    :-) Lindísimos, de veras. Me gustan mucho.

    Comentario de La donna è mobile hace 4 años y 50 meses

  7. Pues a mí me pasa como a Amanda: me llega hasta muy adentro el pie de foto, ese "junto a la distancia de mi madre". Y luego, la miro a ella, miro su mirada que adivino tras esas atractivas gafas de sol. Y regreso, ahora sí, a tus ojos, a esa mirada tuya cuya seriedad me recuerda a un fondo de melancolía que veo muy a menudo en otros ojos muy cercanos. Tú los conoces y has visto ese fondo tras una inmensa sonrisa.
    Ese niño de la foto es un niño hermosamente lejano.
    Un beso infinito.

    Comentario de Iris hace 4 años y 50 meses

  8. Hay en esta fotografía tres miradas: la del hijo, la de la madre, y la del padre. Esta última es la única diferida, pues en ella está la cámara intermediando entre los tres. ¿Quién mira a quién? podría preguntarse un observador neófito o poco experimentado. La respuesta, por indiferente, no deja de ser atractiva, aun a pesar de que la fotografía ha congelado tres pares de ojos, de los que solo dos se nos dan a conocer. ¿Qué misterio encierran esas gafas translúcidas de la madre mirando al padre, es decir, mirando a la lente? Sirva de contraste, ya que no de explicación, la limpidez de la mirada del niño, muy alejada de la cualidad líquida de otras miradas perturbadoras que, por inevitables, algún día aparecerán. Pero detengámonos un momento en las miradas que vemos.
    Una es franca, la del niño, y la otra adolece de cierta opacidad, la de la madre. Acaso por ello la mirada adulta busque refugio tras unos cristales tintados, esa mirada sabe que somos lo que los otros ven en nosotros. Una de esas miradas se proyecta más allá de la lente que la contiene, la otra busca al que mira, pues en él se reconoce y sabe que el ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve.
    La mirada que no vemos se nos puede antojar, tal vez, la más enigmática de las tres. Es posible, pero ello ahora no importa. Lo que sí importa, y mucho, es considerar el raro privilegio que tuvo el padre en ese desván. Él fue el que vio en el fondo de una cubeta salir de la nada de una emulsión las miradas de su mujer y de su hijo nuevamente dirigidas, ahora sí, a él y no a la cámara. Cuando aplicó el baño de fijado esas miradas ya habían adquirido la condición de perennes un momento antes, en la cubeta de revelado, momento que él atrapó en su mirada, haciéndolas suyas en la oscuridad del cuarto.
    Día llegará en que esas imágenes apenas sean manchas desleídas, y el hueco borroso que antaño dejaron en las retinas sólo deje ver un fondo lechoso de bordes desdibujados. Entonces, y sólo entonces, lo único que permanecerá será esa mirada, imborrable y perenne en las otras miradas que un día la miraron. Ya sabes: el ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve.

    Comentario de Un indeciso hace 4 años y 50 meses

  9. "Me miro, al paso, en el espejo del recibidor y me sorprende no verme de color sepia".

    ¿Recuerdas otras cosas en blanco y negro?
    Creo que tras mirar aquellas fotos, que son las que me enlazan con mis recuerdos y les ponen cara, todo mi pasado está en blanco y negro.

    Oye, dichoso tu que reconoces tu mirada en el espejo. El espejo duplica la distancia de tu otro yo...y yo con distancia no me gilo.
    Mejor, no quiero saber nada de esa desconocida.

    Beso.
    M.

    Comentario de Miranda hace 4 años y 50 meses

  10. Querida Donna, mi telepática y pensativa Donna, de mirada hacia dentro, como queriendo estar en otro sitio: cómo me gusta que no te canses de venir a ver estos pobres ojos de elefante que, ya entonces, empezaban a saber ver (así que, ahora, sufren presbicia). Un mar de besos, mi niña. [Ella me entiende] :-)

    Lo supe al teclearlo: Amanda se fijaría, exactamente, en esa frase del pie de foto. Por eso la quiero.

    Sabía que mi queridísima Iris repararía en el sorprendente aire de familia que, misteriosamente, emparenta mi mirada y ésa otra "tan cercana", que conozco, y en la que he visto el mismo poso. Somos hermanos de leche, hijos de la melancolía, criados a sus escuálidos pechos. Y, por eso, me parece casi incestuoso decirte "gracias" por la ternura y el cuidado de tu comentario, y enviarte un beso más grande que un sistema solar. Pero no me queda más remedio que quererte y decirlo, para que se sepa.

    Y la sorpresa: el "foto-psicoanálisis", tan acertado en algunos aspectos, de mi nuevo y ya queridísimo amigo "Indeciso" (cuyo blog "diario de un indeciso" recomiendo a todos mis lectores: lo tengo enlazado, echad una ojeada). No me queda más remedio que decirte, amigo, que tu comentario adquiere la categoría de post de los buenos. Y que lo considero una colaboración excelente, de lujo. Muchísimas gracias. Me apabullas al honrar mi casa de ese modo.

    Y a tí, Miranda, qué voy a decirte: que es verdad, que cuesta verse la mirada -al paso- en un espejo (es que era una figura literaria, mujer, no seas quisquillosa). Y, a veces, cuesta verla aunque la mires fijamente, tú ya lo sabes, lo dices muy bien en cheli ("no gilo"). "No quiero saber nada". Pero lo sabes. Creo que ésa es la fuente de tu ironía, que tanto me hace reír. Me empapas con tu chispeante lucidez como el calabobos de nuestra tierra. Ya te me has hecho imprescindible.

    Comentario de Ernesto hace 4 años y 50 meses

  11. Mención aparte para Maray y su conmovedor "a veces duele mirar esas fotos". A esto, sólo un silencio. Para no estropearlo. He aquí lo mejor de la blogosfera (por si alguien necesitase, aún, demostraciones): este leve temblor de un alma, que yo he sentido de un modo tan verdadero dentro de la mía, con un océano de por medio. Un puente de besos, Maray.

    Comentario de Ernesto hace 4 años y 50 meses

  12. Hay un aspecto justiciero en la clase de dioptrías que tenemos: la presbicia de quien leyó mucho, con cualquier clase de iluminación; la miopía de quien no dejó que su mirada abarcara la lejanía y no la ejercitó; la hipermetropía de quien no quisó fijarse en lo inmediato, y todas nos definen y nos limitan. Pero hay algo más allá de la vista en la mirada, algo que está directamente enraizado en el alma, el la manera de ser, en la forma de sentir, y tú, ese niño que mira como si ya hubiera aprendido a ver más allá de lo que ve, es profundamente hermosa.
    Y ahora, te digo lo mismo que te he dicho antes en el blog de Tau: me alegro de haber tenido un rifirrafe contigo aquel día tan lejano, porque me ha permitido descubrir tu blog. Con casi todos mis amigos hubo primero la bronca y luego una amistad de conjurados que va más allá de los acuerdos o los desacuerdos.
    Un abrazo.

    Comentario de Gatopardo hace 4 años y 50 meses

  13. Y esos ojos, esa mirada, esos peinados y esa gorra y ese niño y esa madre... Tu familia y tu recuerdo han sido, por un instante, los míos. Y ese verano, otro verano y otra vida... Gracias.

    Comentario de rythmduel hace 4 años y 50 meses

  14. Me has hecho recordar las primeras fotografías de ese niño otro (¡qué bien lo dices!) que era yo. En una aparezco de pie, solito, con unos pantalones muy cortitos por los que asomaban unas piernas amorcilladas (menos mal que no había por aquellos tiempos campañas anti-obesidad) y con unos tirabuzones rubios; miro a la cámara como si pudiera ver en su interior, como a un pozo oscuro. En la otra foto estoy con mi abuelo en la plaza Cataluña de Barcelona, él está de cuclillas con una paloma posada en su mano, yo tengo la manita abierta, supongo que con alpiste. Seguramente la paloma picoteaba y por eso mi cara refleja asombro y desconcierto ante las maravillas de un mundo lleno de sorpresas. (Por cierto, ¿había colas de abuelos con nietos para hacerse fotos en esa plaza con las palomas? Porque todo el mundo que conozco tiene una foto igual).
    Gracias, Ernesto, por abrir esta cajita. Y gracias infinitas por visitarme y por los piropos. Un abrazo, seguiremos leyéndonos.

    Comentario de Alfredito hace 4 años y 50 meses

  15. Delicioso post. Un descubrimiento placentero.
    Saludos.

    Comentario de maRia hace 4 años y 50 meses

  16. Gracias a los últimos "comentantes", también, todos ellos grandes "descubrimientos" blogosféricos, artífices de calores cercanos, escritores de raza que acarician mi alma con sus letras, a cuyas casas acudo de puntillas, con miedo a romper algo de todo eso tan sutil y tan frágil que en ellas encuentro, tan necesario como el hilo invisible que me enhebra a la vida. Gracias a Gatopardo (una de las voces más personales del cachito de blogosfera que conozco), a rythmduel (admirado y, sin embargo, amigo), a Alfredito (alma gemela), a maRia (último y feliz hallazgo, escritora con todas las letras). Gracias por pasar por mi casa, y mi vida, dejando un rastro cuyo perfume es el único que quiero.

    Comentario de Ernesto hace 4 años y 50 meses

  17. Uis, esos peinados y esas gafas como me suenan... nuestras madres parecían cortadas por el mismo patrón en aquella época. Pero lo más auténtico son tus tirantes.
    Un saludo

    Comentario de tt hace 4 años y 50 meses

  18. Bañador de tirantes, "fashion" total, jajajajajaja...

    Besitos, querida Tau.

    Comentario de Ernesto hace 4 años y 50 meses


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