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Sin txapela y yo con estos pelos

Otoñal



Me gusta el otoño. Su luz tan viscontiana. El sosiego que reemplaza al bullicio veraniego, como si todo se adormeciese un poco y el mundo cayese en duermevela, hacia el sueño profundo del invierno. Todo se ablanda, se suaviza: el sol no quema, el aire pesa menos. El valle en donde vivo, se desnuda de "todos los colores del verde" (Raimon) para vestirse con "todos los colores del ocre". Huele a lluvia, a castañas asadas, a leña. Enciendo las primeras chimeneas, me pongo calcetines, salgo menos de casa, me ocupo más de Ana y de algunos amigos, me ovillo en mi sillón y leo más. Me gusta el otoño, ya digo. La pena es que, aquí, es efímero: dura unos pocos días, no es lento y perezoso como más al sur, sino un escueto trámite hacia el larguísimo invierno. Por eso me apresuro a disfrutarlo desde antes de que llegue, desde estos luminosos días previos en los que se le intuye con las primeras tormentas, las tórridas ventoleras, los violentos y breves aguaceros, las hojas tapizando ya el jardín.



Me gusta el recogimiento al que me invita. Y la melancolía que, inevitablemente, me invade en estas fechas. Disfruto de ella, sí, lo confieso: igual que me deleito con una buena película de ésas de "mucho llorar". Me subleva el "mandato" social de tener que estar siempre alegre, dinámico, optimista, con perfecta sonrisa troquelada en "Corporación Dermoestética".

Yo creo que me gusta el otoño porque me invita a entrar -al final, el otoño es un paisaje íntimo, como todos- al sitio que más quiero: al mundo que, entre dos, hemos creado. Ésa es mi patria. Y me gusta acogerme al refugio que ese mundo me ofrece, a salvo y en buen puerto.


[Ayer, mientras preparaba este post, me encontró este poema -no es errata, es que fue así- que deseo, también, compartir]

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.


Ángel González

Referencias

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Comentarios

  1. Estaba leyendo a Álvaro Valverde y fíjate, vine corriendo a enseñártela:

    [b]La sombra fugitiva[/b]

    Este viento tan cálido que recompone ahora
    un verano tardío; la luz anaranjada
    del cuarto y la penumbra
    de los libros que aguardan
    al lector del invierno.
    Las breves y oscilantes líneas de sol
    dispuestas, la desdichada espera
    de quien cifró en la huida
    la razón y el principio
    y reconoce apenas que una ciudad le acecha
    y ésta será la única.
    Aquél que en la distancia quiso amar lo recóndito
    y el tiempo le devuelve la certeza del sitio.
    Aquél éste que ahora -ya decía-
    se empeña, y recupera en vano
    lo que nunca ha existido,
    y en el viento que entra, cuando atardece, observa,
    toma papel y escribe.
    Yo mismo, el que contempla
    el río entre las hojas, cierra la puerta y vuelve
    a ocupar su costumbre.
    Aquél al que le basta la sombra fugitiva,
    el instante, esa efimera razón de permanencia.

    Comentario de La donna è mobile hace 4 años y 51 meses

  2. Mmmmm... Telepáticos hilos secretos, sí. Qué triste y hermoso poema, queridísima Rosa. "Y el tiempo le devuelve la certeza del sitio". Ya no puedo seguir tecleando nada que no sea superfluo.

    Comentario de Ernesto hace 4 años y 51 meses

  3. Leche, me da un poquito de vergüenza ponerte un comentario con semejante poema aquí encima y semejante descripción de esa estación maravillosa que se llama Otoño. En estas fechas yo me siento felizmente tonta, como en un estado de enamoramiento bobo contínuo. Me encanta asomarme al balcón de mi casa (de la del pueblo, se entiende) y ver a los álamos como van poniéndose rojos, naranjas, amarillos... El tiempo parece que se espesa y los segundos van leeeeentos. Es como un encantamiento, es magia potagia, es el Otoño.

    Besitos. Cal.

    Comentario de Calamity hace 4 años y 51 meses

  4. Falta mucho (espero no equivocarme) para que llegue aquí el otoño, pero el otro día, mientras llovía, sentí una sensación parecida a la que tú, tan bellamente describes. El recogimiento, ésa creo que es la sensación.

    Comentario de amanda hace 4 años y 51 meses

  5. ummm me gusta el otoño, y tu otoño más aún

    Comentario de tt hace 4 años y 51 meses

  6. No sea usted vergonzosa, querida Calamity, que sus palabras están tan bien puestas como las que más. ¡Y qué bien transmiten esas sensaciones mágicas!, sí señora.

    "Recogimiento", sí, qué sugerente y exacta la palabra. Un acierto, estimada Amanda. Retomarse, volver a cogerse, recogerse (nuestros amigos sudamericanos, lo sé, entenderán "otra" cosa: disculpen, háganse cargo de la riqueza en modismos de nuestra lengua común).

    Un saludo afectuoso, tt. Y gracias por gustar de "mi" otoño.




    Comentario de Ernesto hace 4 años y 51 meses

  7. Hermoso texto. El otoño siempre me ha parecido una estación en la que volvemos la mirada hacia el interior. Todo ayuda: la luz, esos atardeceres cada vez más tempranos, y esa especie de melancolía escondida entre las nubes.
    Muchos besos

    Comentario de Iris hace 4 años y 51 meses

  8. parece que tiendo a leer las entradas que me conectarán contigo jejeje. El otoño también es mi debilidad. Esto lo escribiste hace mucho, pero ahora también es otoño, y aquí también es efímero, apenas unas cuantas hojas por el suelo y apenas el olor a castañas asadas. Jamás encender chimeneas, pero sí esconderse bajo la manta o los calcetines jejeje.
    Adoro el otoño, por las mismas razones que tú. Sip. besito

    Comentario de lau hace 3 años y 38 meses


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