Euskadi: tiempos nuevos
Ernesto - 18-05-2005 00:14:39 | Categoria: Actualidad
Hace muchos días que guardo silencio. Asisto a los acontecimientos, observo y callo. Antes de actualizar la bitácora con verborrea circunstancial, apresurada y vacua, prefiero sedimentar en mi interior un par de ideas que merezcan tal apelativo y no el de "ocurrencias". Me llega algún correo: "con la que está cayendo y no dices ni pío". "Por eso", respondo. Por eso.La situación, a mi entender, es ésta: a falta de algunas informaciones que, naturalmente, el Gobierno se reserva (probablemente facilitadas por servicios de inteligencia y/o fuentes policiales) nos encontramos ante una inminente tregua de ETA condicionada por su situación de debilidad estructural y acuciada por una angustiosa necesidad de escenificar un "final no humillante" que la exima de una ya insostenible agonía y, sobre todo, entreabra la puerta a alguna "salida" para el colectivo de presos que, sin duda, "presiona" lo suyo a una "dirección" acogotada cuya actividad casi exclusiva consiste en evitar ser detenida. En este contexto, con los interlocutores ya designados (Urrutikoetxea a la cabeza), con un PNV debilitado tras las elecciones autonómicas, forzado a esconder en el desván el famoso Plan Ibarretxe, incapaz de rentabilizar políticamente el posible fin del terrorismo, enfrentado al hecho incontestable de que el mundo de Batasuna ya no le "necesita" (el PNV ya no mete miedo a Madrid y, además, no puede "relegalizarles", ni sacar a sus presos...) y sólo considera interlocutor válido al Gobierno central; en este contexto, decía, llegamos a la "bronca" del debate sobre el estado de la Nación. Zapatero ve posibilidades de intentarlo, como hicieron todos los anteriores presidentes de la Democracia, también él. Quiere intentarlo sin dejar de cumplir su compromiso electoral de llevar el asunto al Parlamento. Lo hace y, entonces, Rajoy decide culminar de forma paroxística lo que venía siendo una conducta del todo desleal para con el Pacto antiterrorista: apuesta por utilizar políticamente, para erosionar al Gobierno, la política antiterrorista. Incumpliendo frontalmente el Pacto (que, recordémoslo, fué iniciativa de Zapatero), pronuncia el injusto y apocalíptico discurso de la "traición a los muertos", arrogándose indecentemente una representación de las víctimas que nadie le ha otorgado y acusando al PSOE ¡de romper el Pacto!. Pacto que, en realidad, estaba deseando dar por muerto y bien enterrado, a fin de librarse de las ataduras y poder manosear obscenamente el tema terrorista en busca de réditos electorales. No puede entenderse, si no es bajo esta mezquina consideración, su histriónica oposición a un texto (la propuesta parlamentaria del PSOE, aprobada por todas las fuerzas políticas menos el PP) que no pone ni quita una sola coma a textos anteriores firmados por el PP (párrafos literales del pacto de Ajuria-Enea). No puede comprenderse el alboroto ante el mero anuncio de una posible negociación, cuando Aznar lo hizo (lo mandó hacer, mejor dicho) y tuvo la suerte de contar con una oposición que ni siquiera le pidió explicaciones (no le pidió explicaciones de por qué envió a negociar, entre otros, al responsable electoral del PP: ya entonces se afanaban en sacarle rédito electoral al asunto; no le pidió explicaciones de por qué no dió explicaciones a nadie, haciendo de su capa un sayo; ni de por qué se refería en público a ETA como "movimiento de liberación nacional vasco", regalándoles los oídos a los matones; ni le pidió explicaciones por su fracaso; tuvo la suerte de tener esa oposición, con sentido de Estado). El Pacto antiterrorista dice, entre otras cosas, que "la iniciativa y la responsabilidad" de la política antiterrorista "corresponde únicamente" al Gobierno y que la oposición "se compromete" a respaldarle. El Gobierno, pués, tiene el derecho, el deber y la responsabilidad de tomar la iniciativa: asume el riesgo del fracaso (de hecho, en mi opinión, asume un altísimo riesgo de fracaso) pero, sólo si tal fracaso se produce, está autorizada la oposición a montar el "pollo"; hacerlo a día de hoy es, sencillamente, incumplir el Pacto. El PP ha roto el Pacto. Así de claro. Y no sólo eso: se "apropia" de las víctimas, las instrumentaliza como arma arrojadiza, las usa para agitar pasiones, selecciona a las ideológicamente afines y les presta toda la batería mediática que aún controla: pretende que su voz es incuestionable, obviando que no tienen menos derecho que cualquier ciudadano a expresarse políticamente, pero tampoco más; sus opiniones no tienen un "plus" de infalibilidad, ni es pecado no compartirlas, ni pesan más que las contrarias. Ser víctima no te da la razón política, aunque lo seas por razones políticas. Es duro admitirlo y puede que lo haya expresado de forma un poco tosca, pero creo que es así y que hay que empezar a decirlo.
Probablemente, Zapatero acierta al anunciar que nos encontramos ante "tiempos nuevos". Pero creo que es preciso pararse a analizar cuáles son las razones, las decisiones políticas que nos han conducido a encontrarnos ante tiempos nuevos. Lo analiza muy bien Joseba Arregi en un reciente artículo del que transcribo algunos párrafos:
"Se puede afirmar que estamos en una nueva situación porque ETA está débil y porque su entorno político ha quedado política y socialmente debilitado de forma estructural (...) Esta situación no ha llegado como llegan los vientos y las nubes, la primavera y el verano, las lluvias y las sequías. Ha llegado porque se han tomado decisiones políticas. Porque se firmó un Pacto entre el PP y el PSOE. A esta situación se ha llegado porque el Congreso de los Diputados aprobó la Ley de Partidos Políticos y porque, basándose en dicha Ley, los tribunales ilegalizaron a Batasuna. A esta situación se ha llegado, si es que estamos en ella, porque la política de los poderes del Estado, la política antiterrorista de Aznar, asumida en los principios fundamentales por la oposición de entonces, han colocado al entramado ETA-Batasuna ante el dilema de tener que optar entre un futuro político o un incierto futuro terrorista, pero cerrándoles el camino a jugar en ambos escenarios tal como estaban acostumbrados. Y conviene recordar que este camino se ha andado sin acompañamiento del nacionalismo vasco; que los jalones que han ido construyendo ese camino que ha hecho posible que nos encontremos en la situación de hablar hoy de tiempos nuevos, han encontrado siempre la negativa, la "contra" y la crítica del nacionalismo, en especial del lehendakari en funciones Ibarretxe que, al parecer, ahora se apunta a un amanecer cuyas causas ha combatido con fuerza (...) Ocultar el pasado, especialmente un pasado de violencia y de terror con víctimas asesinadas, nunca puede ser el fundamento de un futuro nuevo. Sin recordatorio, no hay tiempo nuevo". (Joseba Arregi, EL DIARIO VASCO, 7/5/2005).
Tiempos nuevos, de apuestas arriesgadas, de expectativas inciertas, de debate teatralmente hosco, de muchas pasiones y pocas ideas. Esperanzas, las justitas. En clave interna, de momento, empate a 33 (el maldito empate infinito). ¡Qué aburrimiento!. Y, a veces, un temblorcillo parecido al miedo. Es todo tan frágil...
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¿Empate a 33? Según mis cuentas son 33 por un lado. Y en otras tres zonas heterogéneas, 18, 15 y 9.
Comentario de Miguel Ángel Múgica hace 3 años y 38 meses
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De acuerdo al 100%. Así lo veo yo también.
Un saludo.Comentario de El Anacoreta hace 3 años y 38 meses