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Sin txapela y yo con estos pelos

Estampas de la Euskadi cotidiana (1)

Trabajo en un servicio público, dependiente del Gobierno Vasco. Lo que voy a contar, lo sé, es una anécdota casi insignificante. Casi. Porque, en realidad, las pequeñas cosas resultan a menudo, sabiéndolas interpretar, muy significativas.

Escena en el trabajo, durante un descanso con café. Alguien comenta, tímidamente, lo estresante que le resulta que el plan de "euskaldunización" se haya comenzado a aplicar con inusitada prisa: justo esta mañana, han aparecido en los "corchos" las relaciones de puestos que, en adelante, tendrán perfil preceptivo de euskera. Uno de los presentes se atreve a opinar que no hay derecho a que se desplace (literalmente) a profesionales con 15 o más años de ejercicio (yo soy uno de ellos) que -ahora- no pueden acreditar el perfil lingüístico requerido de modo tan sospechosamente urgente.

Se hace un silencio que es un aviso de que, ojo, nos adentramos en un tema tabú. Por miedo, o por evitar tensiones, estas cosas no se dicen (y menos aún, a la hora del café).

Una de las personas presentes es, notoriamente, del PNV. Todos la miramos de reojo. Calla.

Irrumpe otro compañero que, al captar el clima embarazoso que nos envuelve, hace un comentario pretendidamente jocoso, con intención relajante, pero que, sin embargo, viene a tensar más la cuerda: "será que tienen prisa por si el día 17 pasa algo raro". Sólo se ríe él. El silencio se hace sólido. De pronto un eventual, cuyo contrato acaba mañana, decide lanzarse: "la gente se queja de sus imposiciones, pero les vota. Por eso ganan. Y luego, hala, a quejarse. No tenemos arreglo. Ya es hora de decir, me parece a mí, que los que les votan son culpables de sus atropellos". No puedo creer lo que estoy escuchando. Doy un sorbo al café e intervengo para reforzar tan audaz aseveración: "sí, son de esa peña como se es del Athletic, pero no son cosas igual de inocentes, no hay inocencia en esos votos, ya no". Entonces, la compañera cuya adscripción al PNV conocemos todos los presentes, como si ya hubiese soportado demasiado, como si ya no pudiese más, estalla: "Pués yo prefiero que me impongan el euskera y no que vengan unos zoquetes a imponerme otras cosas". Compone un gesto de indignación contenida y sus palabras son dichas como puñetazos sobre la mesa, con una contundencia asombrosa. "Yo les voto y, además, soy militante... ¿qué os parece?". El qué os parece lo dice a cámara lenta, a la vez que yergue teatralmente la cabeza y, francamente, suena más a velada amenaza que a profesión de fé. "Tú tampoco tienes el perfil de euskera, mona, que lo sé yo", le dice -burlona- la más veterana del grupo. Todos reímos, nerviosamente. "A ver si te van a joder a tí también", añade la que se puede permitir decírselo. Afortunadamente, se bromea acerca de la palabra "joder", caída en medio de la zozobra como un asidero y, de sopetón, se pasa del espinoso tema anterior a las chanzas sobre "lo único". Gracias a eso, el café no termina como el rosario de la aurora.

Hasta aquí, la escena. Ahora, algunas consideraciones: creo que sólo en apariencia se trata de una escena trivial porque, hasta ahora, un café así era impensable. En Euskadi, durante muchos años, nos hemos hecho expertos en saber de qué no hablar. Y, hoy, se ha hablado. ¿Es un exceso de optimismo pensar que comienza a haber un cierto ambiente (público, explícito) "contestatario"?. Puede que no sea gran cosa, pero a mí me parece una novedad saludable.

Por último, me interesa resaltar esa pobre mezquindad tan aldeana, ese atisbo de raspa del bacalao del genuino alma nacionalista que, en su atolondrada espontaneidad, ha exhibido sin pudor mi compañera cuando ha venido a decir algo así como "no me importan las imposiciones, aunque me afecten también a mí, si provienen de los míos" (siempre "los míos y los tuyos", "nosotros y ellos", "unos y otros"). No ha negado la existencia de imposiciones. Las admite como ciertas, las respalda, se jacta de ellas. Y, para remate, nos insulta: "zoquetes". ¡Qué retrato!. Es la fotografía, de cuerpo entero (y en pelotas), de un verdadero energúmeno fascista. Acojona, ¿eh?.

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Comentarios

  1. Bueno, bueno, bueno... Has descrito la situación increíblemente bien. Lo de "saber de qué no hablar" me parece impresionante. Vaya clima mental. ¿Tú crees que hay motivos reales para el optmismo? Desde fuera, y lo siento, no lo parece. Un clima así cuesta décadas enderezarlo. Digo yo.

    Comentario de Roberto Zucco hace 4 años y 56 meses

  2. Ya cantaba hace mucho "La Otxoa" aquello de "Ertzaintza pégame tú". Y comparto contigo que algo está cambiando... la gente cada vez se calla menos y no se ahorra comentarios críticos hacia el PNV.

    Comentario de Raddle hace 4 años y 55 meses

  3. Mientras lo leía, se me escapaba una risilla. ¡Qué fiel reflejo! Y se pueden poner tantos y tantos ejemplos...

    Comentario de El Anacoreta hace 4 años y 55 meses


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