Transversalidad
Ernesto - 15-03-2005 00:59:10 | Categoria: Actualidad
Reclamo el cambio político para definir Euskadi por el pacto, no por la imposición del 51%. Reclamo más pedagogía política democrática en un país que, a este respecto, es analfabeto funcional tras la demoledora penetración social del nacionalismo etnicista. Las elecciones de abril son extraordinariamente importantes. Quien las convoca, las quiere convertir en un plebiscito para dotar de fuerza a un Parlamento con tintes de "constituyente", lo que plantea un problema importante. Por eso, es el momento de recordar algún principio democrático básico: por ejemplo, que por encima de cualquier sentimiento de pertenencia, en democracia, las sociedades se constituyen por pacto.
Las elecciones de abril son tan importantes que, efectivamente, como reiteran los ciudadanos de Aukera Guztiak, sería importantísimo que pudiera presentarse Batasuna. ¡Ojalá se pudiera presentar!, porque eso supondría que en Euskadi no existe ningún partido que alberga dudas respecto a la condena de la violencia no legítima. La anormalidad es que exista una opción política en Euskadi que no condena la violencia. Pero, desde partidos e instituciones, no sólo no se hace pedagogía política, sino que se hace demagogia y antipedagogía. Resulta escandaloso, avergonzante y, sobre todo, alarmante. Porque lo que está en juego es si esta sociedad vasca se constituye por un pacto o por simple mayoría. No existe un solo caso en la historia de Europa, e incluso fuera de ella, de sociedades que hayan podido establecer la convivencia ciudadana por mayoria en vez de por pacto. Al contrario, se encuentran casos de establecimiento de constituciones por mayoría que han llevado al fracaso. Un ejemplo notable es la República de Weimar, que terminó rompiendo la sociedad en dos. Para que Euskadi mantenga una cohesión social y política suficiente, tenemos un pacto. Las elecciones, legal y legítimamente, se convocan gracias a que existe ese pacto "posible" que algunos se quieren cargar unilateralmente. No sé por qué, de pronto, no es "posible" el pacto en Euskadi. No entiendo que Ibarretxe no quiera pactar aquí y que quiera "negociar" fuera de aquí. Por qué esa negativa al pacto entre vascos está, manifiestamente, en el preámbulo del Plan. Y en todas y cada una de las intervenciones del Lehendakari, más allá de sus retóricas apelaciones al "diálogo" ("me dialoguen, coño, desistan de sus objeciones, firmen, sean `buenos vascos´, no hagan ruido"). Para qué el pacto, si el Plan cuenta con el "aval" institucional, si ha sido ya aprobado gracias a los votos tasados y envenenados de Josu Ternera, (pero esto no se dice nunca, es tabú): ¿qué hay de malo en ello?. Esto es lo único (cínico) que se dice. Sin entrar ahora en consideraciones políticas y éticas, es preciso decir que hay una primera cosa mala en ello, un defecto de orígen: que el Parlamento de la C.A.V. no fue elegido para eso, que no es competente para eso. Esto tampoco se dice nunca. Que cada institución del Estado de Derecho tiene sus atribuciones legales y sus competencias. Es como si el ayuntamiento de Legutiano le declara la guerra a Italia, ejerciendo su "derecho de autodefinición" (como se estila ahora decir en círculos del Régimen, para intentar eludir el debate perdido sobre la "autodeterminación).
¿Por qué el embrollado y eufemístico "debate" sobre "autodefiniciones" y "autoconsultas" no puede plantearse justamente al revés?: tenemos ya una "autoconsulta" hecha, un pacto acordado, unas instituciones que funcionan. ¿Por qué no volvemos, si queremos cambiarlo, al mismo procedimiento?. ¿A qué se ha comprometido Ibarretxe con quién, para cegar esa vía desde el principio?. Porque desde antes de la ponencia parlamentaria, quedó claro que el pivote básico del Plan no era el contenido sino la consulta. Y con el encastillamiento en la consulta aparece la voluntad de decidir por mayoría y renunciar al pacto, que es lo que está diciendo continuamente Ibarretxe: que quiere negociar con Madrid, pero no dice que quiera negociar aquí. Hay una voluntad de imposición. Y no es algo a lo que se ha llegado, sino que es un punto de partida. Desde el comienzo, se ha eludido el diálogo sin dejar de nombrarlo en falso. Se ha ido con un texto cerrado. Permanentemente se ha dicho que lo que hace falta no es una reforma del Estatuto, ni siquiera un nuevo Estatuto, sino un nuevo "marco" que incluya la territorialidad y el "derecho" de autodeterminación. Son palabras torrenciales y constantes, ruido de fondo, calabobos social a machamartillo. Ese es el humus en el que ha estado creciendo este "champiñón".
Reclamo el cambio político porque en la definición de la sociedad vasca no puede seguir habiendo el "nosotros" y el "ellos". Estoy cansado (y asustado) de comprobar que se me excluye y se me ignora hasta el punto de negarme mi propia existencia como opinante: no hay día en el que no escuche reducir mi opinión de vasco disidente al concepto "la voluntad de Madrid" (?). Reclamo mi visibilidad. Ser tenido en cuenta. Y propugno la transversalidad. Todos tenemos que tomar parte. El nacionalismo, también. El nacionalismo es parte de nuestra pluralidad. Pero nada de esto será posible si los actuales dirigentes nacionalistas continúan, a pesar de su pésima gestión en la construcción de la Euskadi de los ciudadanos, al frente de las instituciones. La democracia respira por el pulmón de la alternancia. Para eso se convocan elecciones. Para que puedan salir unos y entrar otros. La sociedad vasca se puede construir de otra manera distinta a como pretende hacerlo el nacionalismo hoy. Por eso propugno la alternancia. Porque defender la transversalidad, no es equidistancia o pusilanimidad como pretenden que sea los que intentan esterilizar la iniciativa de tantos ciudadanos que apostamos por el cambio. Somos ciudadanos vascos y expresamos nuestra opinión. Eso es todo. ¿Qué hay de malo en ello?.
Comentarios (0) - Referencias (0)