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Sin txapela y yo con estos pelos

¡Oh!, Blázquez.

"Sorpresa", coinciden los titulares. Gana Blázquez, pierde Rouco. Gana la mano rechoncha acostumbrada al misal, pierde la mano huesuda hecha a la espada. Signos de los tiempos en la España del talante. "Instinto" de supervivencia de la Iglesia. Son más de veinte siglos "adaptándose" a la historia. ¿Sorpresa?.

"Un tal Blázquez", ¿recuerdan?. Un "desembarco", como les gusta decir a los barandas del régimen. Hasta el felpudo le quitaron de la puerta, para que no viese un solo "ongi etorri" ("bienvenido"). Castellano viejo, maketo, osando presidir la diócesis del mismísimo Cristo que, como todo el mundo sabe ya, era de Bilbao, "del mismo centro". Toma "ecclesia". Pero Blázquez es un tipo avispado, además de reputado teólogo. Pronto demostró ser Camaleón Blázquez. Con sorprendente rapidez, se puso a estudiar euskera y a redactar homilías "comprensivas" con el nacionalismo al que sus colegas de la asamblea episcopal tachaban de "idólatra". Mientras, desplegaba una frenética actividad "diplomática" de pasillos y despachos por los recovecos del régimen de Lakua, casi siempre por terceros. Y en los ratos libres, redactaba nuevas homilías condenatorias de las leyes democráticas que combatían la trama civil de ETA (p.e. la Ley de Partidos). No sé si le quedaba tiempo para rezos. Para elevar una sola oración por las víctimas del terrorismo nacionalista.

Blázquez era obispo de Bilbao cuando el PNV de Maruri le pintó una diana en la cabeza al párroco, Jaime Larrínaga, con cargo al erario municipal. No le apoyó en público. Tengo entendido que, en privado, fue paternalista y compasivo. Maniobró para quitárselo de enmedio. Era incómodo. Acusaba en voz alta a los victimarios, apoyaba a las víctimas, denunciaba la tibieza antievangélica, cuando no la pura complicidad, de la Iglesia vasca con los verdugos. Larrínaga está en el ostracismo ateniense. Blázquez ha subido en el escalafón.

En positivo: Ricardo Blázquez, al menos, conoce de primera mano cómo está el patio en Euskadi. Sus primeras palabras, han sido para las víctimas. Esta es la de cal. ¿Preparados para la de arena?. Cuestión de tiempo. Tiene querencia por una cierta melíflua equidistancia. Queda, no obstante, una (remota) esperanza de que, desde su nueva capacidad de influencia, sea capaz de aportar un gramo de humanismo cristiano a un debate tan agónico y tan urgentemente necesitado de "desencanallarse" y resituarse en valores éticos. Amén.


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