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Sin txapela y yo con estos pelos

Ciudadanos vascos

Como una cebolla, la sociedad vasca (bueno, la sociedad de todas partes) se compone de muchas "capas" superpuestas, distintas, pero no independientemente yuxtapuestas, sino esencialmente adheridas entre sí, vivas porque forman parte de la amalgama de un solo todo nutrido por la misma savia. Esta unitaria complejidad, a menudo, se obvia en los "análisis" ligeros que se difunden impostándolos como sesudos desde ciertas tribunas mediáticas. Ojo: no intento afirmar, como suelen hacer los nacionalistas, que "desde fuera no puede juzgarse lo vasco", que "hay que estar aquí para entender lo que pasa", como si estuviésemos ante algún arcano indescifrable por cualquier intelecto normalmente dotado, sólo apto para augures de la tribu. (Por otra parte, con la población adoctrinada, por un lado, y amordazada bajo el imperio del terror, por otro, frecuentemente la crítica sólo puede venir de "fuera" y lo que les molesta no es que venga de "fuera", sino que venga). Lo que trato de decir, únicamente, es que abundan y estorban los discursos de trinchera, maniqueos, lineales, bipolares, simples, muchas veces injustos y, casi siempre, más generadores de nuevos problemas que de soluciones. Los discursos que azuzan odio, que recetan escisión, que promulgan la exclusión inversa a la que hoy padecemos, son también tajos (de otro cuchillo) que promueven idéntica fragmentación de la "cebolla"(el mismo, único, poliédrico, diverso, amenazado, magullado, aún esperanzado y vital organismo que esta sociedad es) en dos mitades. No importa por qué hemisferio se aseste el tajo. La cebolla partida no sirve para nada, se mustia y muere, sin remedio. Y partir cebolla, como todo el mundo sabe, te hace llorar si estás lo suficientemente cerca. Esto es lo que quiero decir, desde aquí , a algunos de los que tanto hablan desde "allí". A los que lo hacen con buena voluntad, quiero decirles que no todo lo que digan vale siempre que sea por la causa justa de apoyarnos: quiero pedirles que pongan en juego toda su inteligencia y, antes de hablar, piensen si lo que van a decir es para sentirse ellos mejor allí o, realmente, para que nos sintamos mejor nosotros aquí. Al resto, les pido que no nos utilicen: que, para eso, es mejor que callen. Que no hagan bandera de nosotros. (Nosotros: los acosados, los convertidos en "los otros", los convenientemente despersonalizados, amordazados y reducidos a la condición simbólica de "el enemigo", además, tenemos que cargar a cuestas con el estigma fantasmático de las palabras que nunca dijimos, que nunca quisimos decir, que -confortablemente instalados en la distancia- otros vociferaron, tomando nuestro nombre en vano, para fines no siempre confesables). Ya tenemos bastante. No se nos añadan más fardos a la espalda. Si no es para echarnos una mano con este peso injusto, déjesenos en paz.



Los ciudadanos vascos no "nacionales", que rechazamos los planes unilaterales del nacionalismo gobernante, necesitamos y reclamamos la solidaridad activa de nuestros conciudadanos del resto de España. Pero constatamos, con creciente desolación, que (salvo contadas excepciones) "lo vasco" es sólo moneda de cambio para las transacciones políticas entre los grandes partidos "constitucionalistas", cuando no mero pretexto para exacerbar su patética porfía "a ver quién lo tiene más grande" (el patriotismo).

Los ciudadanos vascos no "nacionales", somos parte de la sociedad vasca plural (real) y queremos seguir siéndolo. Los "tertulianos" lo olvidan casi siempre: hablan de nosotros como si no nos sintiéramos vascos, como si no lo fuéramos, como si nunca lo hubiésemos sido, como si hubiésemos abdicado de serlo, como si ya nos hubiesen despojado de esa condición los que sueñan con hacerlo un día (es decir, los puñeteros "telepredicadores" de la bronca perpetua le dan la razón y le hacen feliz al sector más etnicista del nacionalismo). No somos un cuerpo extraño incrustado en esta sociedad, fácilmente manipulable y convertible en quintacolumnista del españolismo predemocrático en el que militan ciertos voceros. Somos vascos y queremos seguir siéndolo. Ciudadanos vascos. Hasta ahora, se lo hemos venido diciendo a los nacionalistas radicales y a los radicalizados, muñidores del sofisma sabiniano insostenible "vasco igual a nacionalista, luego si no eres nacionalista no eres vasco". Y se lo repetimos: con nosotros, "tienen un problema del 49%". Precisamente, porque somos vascos. Pués bien: ha llegado el tiempo de decírselo también a provocadores, demagogos, agitadores, columnistas de trinchera, ansones, pedrojotas y demás cortejo de pillos atrabiliarios que nos sobrevuelan como aves carroñeras, para quienes no somos más que pretexto editorial para verter su mala baba, engordar sus negocios, erosionar al gobierno legítimo de España (sustentado por un partido cuyos militantes vascos, en realidad, les importan una higa: para ellos son, simplemente, víctimas "molestas" porque no son "de los suyos" y no sirven para engordar el caldo). No somos más que pretexto para jalear al ala vitriólica del principal partido de la oposición (cuyos militantes vascos, en realidad, les importan una higa: al igual que para ciertos dirigentes del PP, para ellos son simple "carne de cañón"). Ha llegado la hora de decírselo: no en nuestro nombre. No queremos tener nada que ver con eso: con la política escrita con minúsculas diminutas, del tamaño de su mezquindad.

En estos días, estamos llamados, como el resto de la ciudadanía vasca, por voluntad de los actuales gobernantes nacionalistas, a unas elecciones plebiscitarias sobre el dichoso "Plan". Estamos llamados por los actuales gobernantes nacionalistas o bien a darles carta blanca para que elaboren a su gusto una nueva definición de lo que es Euskadi, dejando de lado la Euskadi pactada, o bien a certificar la división de la sociedad vasca. Como dice Joseba Arregi, "extraña situación, o quizá no tanto, ésta a la que ha conducido el nacionalismo a la sociedad vasca: o constituir una nación por sometimiento de todos aquellos que no la sienten como los nacionalistas, o dividir a la sociedad haciendo imposible una nación cívica. O falta de libertad, o división. Y, todo ello, en nombre de la nación vasca". Pués bien: los ciudadanos vascos no "nacionales", sí queremos construir la nación vasca, la nación cívica que Euskadi ha de ser. No aceptamos la falsa dicotomía tramposa a la que quiere abocarnos el nacionalismo gobernante. En sintonía con la inmensa mayoría social que construyó la Euskadi pactada del Estatuto de Gernika (con más amplia mayoría aún, si es posible), queremos construir la nación vasca de los ciudadanos. Sin imposiciones y sin divisiones. Sin más divisoria que la que separa a demócratas y totalitarios. Euskadi será una nación cíviva, o no será. Los sueños de gloria de los actuales gobernantes nacionalistas, en pos de su étnica"Euskal Herria" mítica, amenazan con desvertebrar e imposibilitar la real Euskadi política, la "polis" de la ciudadanía en la que todos cedemos ("do ut des") y pactamos para caber y ser iguales. No somos la "antiespaña" por defender la nación cívica vasca cuyo nombre es Euskadi. No somos la "antieuskadi" por defender el estado de derecho cuyo nombre es España. Nos da igual el debate semántico, quisquillosamente académico, en el que algunos andan enredados (que si "nación", que si "comunidad nacional", que si "nacionalidad"). "Se trata de la libertad, estúpidos". No nos importa cómo se llame la "Cosa", si dentro de ella seguimos siendo libres. La libertad es la verdadera patria común de la ciudadanía y lo demás son sentimientos identitarios que cada cual hará bien, si quiere, en cultivar (siempre que nadie intente imponer identidades normativas, como pretenden hoy el PNV y sus socios). Estamos en pie de paz contra los nacionalistas étnicos porque su proyecto (lo llamen como lo llamen: aquí tampoco importa el nombre) divide, excluye, resta libertades cívicas al estatuir la distinción entre "ciudadanía" y "nacionalidad". Estamos contra los nacionalistas étnicos, pero no contra "el nacionalismo" (tan plural en su seno como la propia sociedad a la que todos, nacionalistas y no nacionalistas, pertenecemos). Combatimos las manifestaciones impositivas, autistas, desvergonzadas, de los actuales dirigentes nacionalistas y, también, los aspectos ideológicos pre-políticos, pre-democráticos, que se adhieren al corpus doctrinal nacionalista como rémoras intolerables en un estado de libertades cívicas (animamos a sus teóricos más lúcidos para que acometan su propia "perestroika", ésa que todas las demás formaciones han hecho hace años y que ellos todavía tienen pendiente en pleno siglo XXI). Rémoras antidemocráticas de las que habrán de desprenderse más temprano que tarde si, de veras, quieren ser respetados en el mundo de después de la caída del muro de Berlín. O lo hacen, o la Historia también les barrerá a ellos. Y toda esta ingente y, a menudo, agónica pelea la sostenemos en clara desigualdad de condiciones, ya que no podemos comparecer en el debate público con naturalidad (es como intentar jugar a fútbol con un contrincante que no respeta las reglas del juego a la vez que nos tirotean desde las gradas), mientras los actuales gobernantes nacionalistas se aprovechan impúdicamente de ello y oscilan entre darte palmaditas o mirar para otro lado. Necesitamos mucho tiempo, bastante pedagogía y el apoyo comprensivo de cuanta gente de bien nos quiera echar una mano desde fuera de Euskadi. Pero (¡un poco de porfavó!) que no nos la echen al cuello, que no intenten adoctrinarnos con retahílas de consignas que a menudo huelen a rancio falangismo imperial (hay que ver lo "constitucionalistas" que se han vuelto algunos energúmenos de notorio pasado bien reciente: o fingen o sobreactúan con la fé del converso); que no nos digan lo que tenemos que hacer y, sobre todo, que no nos regañen ásperamente y a todas horas si no lo hacemos; que no nos vengan a decir que ya no somos de los "nuestros" (si no nos conociéramos, parecería que ellos sí lo fueron alguna vez: ¡serán cínicos!). Que no nos vengan a decir que somos todos unos flojos y que ellos sí que los tienen bien puestos (búsquense urgentemente aliviaderos inofensivos a sus elevados niveles de testosterona, practiquen el "puenting", pero no sigan jodiendo: es que esto va en serio, ¿saben?, perdonen que no les ría sus dudosas gracias de bocazas, pero es difícil reir mientras te juegas el tipo). Ya somos mayorcitos. Se lo digo bien claro, desde esta insignificante bitácora, a ustedes que braman desde sus diarios, radios y televisiones: de "salvadores" iluminados ya vamos bien servidos en esta tierra.







Referencias

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Comentarios

  1. Nación cíviva la forman ciudadanos IGUALES en derechos y deberes. Ibarretxe and company proponen la distinción entre "nacionalidad" y "ciudadanía" (lo rechaza hasta Madrazo). Su concepto de nación, etnicista, amenaza con discriminar según identidades subjetivas convertidas en normativas y, por tanto, públicas. ¡Qué peligroso tufillo nazi!. Hay que impedir esa aberración con una marea de votos en pro del derecho de ciudadanía, en defensa propia.

    Comentario de Itsasgabe hace 4 años y 57 meses


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